|

CRÍTICA: DOCTOR SUEÑO
13
Nov

CRÍTICA: DOCTOR SUEÑO

Doctor Sueño es una secuela innecesaria, pero se agradece que en su concepción a la pantalla grande, el encargado sea uno de los directores más interesantes del género de horror de nuestros tiempos.

Por: Deusdedit Diez de Sollano Valderrama

Título original: Doctor Sleep

Dirige: Mike Flanagan

Elenco: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Cliff Curtis, Henry Thomas

País: Estados Unidos

Año: 2019

Duración: 152 minutos

Es complicada la situación de El resplandor (1980), porque muy en el fondo es una adaptación que omite muchos elementos de la novela original de Stephen King por parte de Stanley Kubrick. Tampoco es que el director estuviera obligado a trazar una película al pie de la letra de la novela porque esa no es la función de la adaptación, pero para King el hecho de que Kubrick tuviera más un interés sobre la ruptura familiar a través de un hombre irreparable y malvado que termina a merced de su dañada psique en un ambiente de aura negra, era una traición a un personaje al que le impregnó un aspecto semibiográfico, como casi todos los personajes de sus novelas.

Jack Torrance carece de una redención en la película y cae presa de su rabia en influencia por lo desconocido, King odia esto pero no puede hacer frente a la idea de que El resplandor fuera una de las películas más exitosas del director en la taquilla y un referente del género del horror. El tiempo ha pasado y el escritor no ha suavizado sus ideas al respecto, al contrario: por medio de una decisión de sus fanáticos, Stephen King escribiría una secuela de su novela, siguiendo al personaje de Danny Torrance, esmerado en demostrar las diferencias con la película y dándole de una vez por toda una cierre noble al infame padre de familia. Independiente de la calidad de la novela, esto era una oportunidad de oro para Warner Bros. porque la posibilidad de hacer una secuela de una de sus películas más conocidas era algo casi obligado… claro que el nombre de Stanley Kubrick es uno que ofrece un punto de detenimiento hasta para el más preparado, a menos de que te llames Mike Flanagan.

Una de las figuras más interesantes del mundo del horror moderno, Flanagan, es un director al cual sus proyectos siempre se leen como cartas de propuesta que nadie esperaba: Hace una secuela superior de una producción de Michael Bay (Ouija 2: el origen del mal, 2016), dirige una película de horror para la WWE la cual resulta ser el mejor proyecto de la productora (Occulus, 2013), filma una versión moderna del clásico de Shirley Jackson La maldición de Hill House, revitaliza al género de la invasión de hogar con un giro en su protagonista en (Hush, 2016) y termina dirigiendo una adaptación casi imposible de Stephen King que nadie se atrevía a hacer el mismo año en el que el mundo estaba embelesado con un payaso de origen cósmico.

La carta de apuesta es elevada en esta ocasión, porque Flanagan debe satisfacer a los fanáticos de Kubrick, a los fanáticos de King, y encima generar un proyecto que tenga su identidad como realizador: medio lo logra.

Esta es una película de casi tres horas de duración, en donde Flanagan readapta un guión de Akiva Goldsman y en donde podemos percibir los elementos que al director le atraen, ya que en Doctor Sueño, Flanagan repite el tema de las adicciones que funcionan como un atajo a los demonios internos que resaltan más dentro del terreno paranormal con el personaje de Danny Torrance, un Ewan McGregor muy bien logrado, que logra darle un aire de derrota a su personaje, incapaz de entender su relación con sus poderes y que rehúsa volverse el mentor de una joven que padece las mismas habilidades que él. Torrance tiene una semblanza letárgica y la mayor parte del tiempo la película se enfoca a que sigamos el punto máximo de deterioro y en donde quiere iniciar una vida nueva, a pesar de que lleve demonios cargando y una necesidad de empatizar junto a su padre, que incluso llega a intentar solucionar más adentrados en la trama.

Es extraño ver que un filme de estudio dedique demasiado tiempo a las dudas y reparaciones de su protagonista sin que este salga airoso o que este sea un experto, porque Danny se encuentra inmerso en una guerra incomprensible para el ojo humano, con una némesis experta en los terrenos resplandecientes a través de Rose the Hat, una Rebecca Ferguson a la que podemos percibir por su apariencia hippie que demuestra su tiempo y espacio de éxito, la líder de un grupo de asesinos en ocaso que han acabado con la magia de este mundo.

Esto va de la mano de una producción muy efectivista, en donde Flanagan repite el trabajo con sus compañeros de otros proyectos, por ende la fotografía de Michael Fimognari con su típico y nostálgico azul platinado y el score de los hermanos Newton que adoptan los tropos musicales de los compositores predilectos de Kubrick aparecen y tiene un excelente matrimonio en relación con la puesta de escena del célebre director, pero esto por desgracia es en mera apariencia.

A lo largo  de la película, ésta tiene dificultades en varios terrenos. Conforme pasa el tiempo el montaje se evidenciando como uno atroz, proveniente del propio director en donde decide que los cambios de escena de casi toda su película serán a través de cross fade, o disolvencias. Este tipo de montaje es efectivo y de apariencia onírica si tiene intención, pero este ocurre a diestra y siniestra. Y a pesar de su monumental duración, la película omite elementos que de haber estado en un formato televisivo, tendrían resoluciones más exitosas, como las habilidades del equipo de Rose el sombrero o las acciones de Danny como el mentado Doctor Sueño que poca importancia tienen en el argumento principal.

Hacia el final pasa lo inevitable y Flanagan termina cediendo a la presión del filme de Kubrick con un regreso al hotel Overlook en donde a pesar del cuidado y respeto que le tiene a la película original –realmente de respeto el hecho de que en un mundo de rostros digitales el director busque que personajes del pasado sean interpretados por actores símiles- pero que demuestra más y más la desconexión de ambas películas, culminando en una especie de recreación escena por escena de momentos pasados sin algún peso dramático, solamente por la exigencia de relación y la oportunidad de hacerlo.

Doctor Sueño es una película presa de sus aspiraciones y pasado, y a pesar de ello su intento de plantear ideas afines al realizador no son un entero desperdicio; viéndola fuera de su asimilación a un pilar de la cultura popular ochentera, Flanagan entrega momentos creativos y profundizaciones de personajes que dada la calaña de película que se trata, no tendría ni por qué intentar plasmar estas ideas.

Es innecesaria, pero al menos se celebra que un director más preparado que otros en el mundo del horror haya intentado hacer algo.