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CRÍTICA: SU CASA
3
Dic

CRÍTICA: SU CASA

Su casa es de esas grandes películas de horror de Netflix enterradas entre tantas que no valen la pena y un gran debut de parte de Remi Weekes quien profundiza sobre el horror inmigrante Africano.

Por: Deusdedit Diez de Sollano Valderrama

Título original: His House

Director: Remi Weekes

Elenco: Wummi Mosaku, Sope Dirisu, Matt Smith

País: Estados Unidos, Reino Unido

Año: 2020

Duración: 93 minutos

Una de las mayores problemáticas que representa el género del horror entre audiencias en general, es la de su eterna lucha de validación por ser un género capaz de exponer problemáticas cercanas a nuestra sociedad y del querer abordarlas de manera que lo realizadores expresen de manera preocupante la falta de atención de diversos sectores y situaciones que abarcan una universalidad de ignoro masivo… es decir: que tome un abanderado político. Audiencias de esas tóxicas que rondan los confines del internet siempre exclamarán al aire que si hace esto termina siendo más una especie de propaganda inmunda, muy a pesar de que con esta misma percepción podemos darle origen al propio género en películas como El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) la cual se usaba como un frente incómodo ante la sociedad alemana de principios del siglo pasado, o quizás el ejemplo más claro sea Godzilla (1954) de Ishiro Honda, a quien los años y popularidad como la botarga que se agarra a golpes con sus similes por antonomasia parecen haber diluido en la memoria colectiva el potente mensaje anti nuclear y de supervivencia nipona que buscaba obtener respuestas del horror atómico.

Al contrario: el horror se presta como el género perfecto para indagar en estas problemáticas con un mayor atisbo de creatividad y sobre todo, que se permite a una mayor apertura de voces en películas que en otros tiempos, no hubiesen tenido las oportunidades ni las audiencias óptimas, de esas que de inmediato han desestimado el que si personas ajenas a los convencionalismos dentro del cine por más de cien años.

El otro problema, se encuentra en que si retrata estos temas… no lo consideran horror. Los señalamientos de que existe el horror psicológico o de que “esta es una película de drama con tintes de horror”, terminan limitando el potencial del género y su variedad artística por establecerlo como uno vulgar, o en otro sentido incapaz de poseer valores filosóficos y narrativos que lo pongan al lado de las grandes obras y el canon.

Precisamente este estos dos casos han sido la respuesta de Su casa, pero que eso no limite la consideración de que esta se trata de una de las mejores obras de horror de este año en un sobresaliente debut fílmico de parte de Remi Weekes

Weekes escribe al lado de Felicity Evans, una historia de fantasmas en la modalidad de casa embrujada, pero tomando al espectro no como el clásico espíritu anexado a una casa vieja que busca solución a un pasado borrascoso, sino más bien con una modalidad moderna, porque este es resultado de las afrontas del matrimonio Majur, al que vamos conociendo poco a poco a lo largo de la película, y con este la carga de sus propios demonios personales.

Essto sirve mucho y es bastante novedoso, porque los Majur y sus problemas espectrales tienen un origen folclórico arraizado en su país que tienen que abandonar, y que termina por viajar con ellos. Más aún punzante resulta que este problema venga de la mano como un recordatorio de su situación y despojo de identidad, porque Su casa no nos deja de remarcar el horror e incertidumbre presente en los inmigrantes que buscando una solución de paz y existencia en otros países terminan recibiendo negativas en varios sentidos: ellos deben de ser de los buenos ante ojos completamente racistas y xenófobos, no pueden adherirse a una sociedad de inmediato porque no pueden laborar, son abandonados en puntos de condición crítica de crimen y suciedad esperando que estos puedan solventarse porque nada es menos supongo… y se espera que adopten las características que no son suyas, lejos de aportar algo de su propia esencia.

Esto queda muy remarcado en Bol (Sope Dirisu), el hombre del matrimonio que intenta hacer las cosas bien y con el que de inmediato nos sentimos conectados emocionalmente por un aparente positivismo en sus acciones: canta en bares himnos de futbol y compra la ropa que ve en anuncios gigantes… pero la realidad es que estas expresiones que intenta plasmar siempre son en lejanía de parte de los otros, como algo que se esperaba y menos como una invitación al intercambio; Boi incluso termina por abandonar sus costumbres dentro de la privada relación de sentarse a la mesa a recibir alimentos, porque ahora que se encuentran en una Londres –que la película nunca especifica en qué parte exactamente están, proveyendo a esta sensación de abandono a su suerte del matrimonio- comer con las manos es de incultos, de salvajes, de lo que no son.

Situación que no comparte Rial (Wummi Mosaku). Ella recibe el mismo lado de la moneda pero sin un rostro de engaño de su esposo, y quizás en uno de los momentos más escalofriantes del filme, sale a la calle desprovista de la seguridad de su esposo y se encuentra en un laberíntico espacio que le rechaza y que pesa más, a sabiendas del destino trágico de muchas personas en su situación que hemo s conocido a lo largo de nuestra vida, de ahí que la recepción de Rial ante el fenómeno paranormal, sea más aceptivo y más, considerando lo que la película intenta plasmar en su misterio.

Su casa al final de cuentas es una película de horror y además de mostrarnos el horror por las relaciones humanas, como casa embrujada es muy sobresaliente. El diseño de producción formula un hogar apretado, de una apariencia cómoda y banal pero que nunca da espacio a la privacidad, sea por las luces invasoras de afuera que siempre le dan apariencia de estar en plena luz del día, o por el sonido invasivo de los vecinos, y sobre todo de los entes que se esconden tras las oscuridad de las luces descompuestas.

Su formulación del horror es tradicional, con la antelación de que algo malo va a surgir tras los momentos extraños y depende mucho de los jum scares, incluso de manera sucesiva… pero tampoco son un demérito completo porque de verdad funcionan y funcionan más al servicio de la historia y de que compremos la idea de que estos van a ocurrir, porque nos sentimos comprometidos con los dos protagonistas. Tanto Sope y Wummi revelan rostros agotados como Boi y como Rial ante tanta problemática en sus vidas, pero la relación de estos también es parte de un tema que a Weekes le preocupa, y es el aceptar nuestra tragedia y vivir con ella para seguir adelante, en personajes que pocas veces se dan el tiempo de expresar su dolor y superarlo como pareja y más en momentos de soledad que terminan siendo devastadores por la nobleza expresa en sus expresiones faciales, particularmente de Boi quien llora de manera frenada y con Rial teniendo un encuentro de sanación con lo que abandonó y más quería, lo que le duele y lo que al final le deja una lección de vida que Jo Willems captura con una pureza en un rostro que suelta lágrimas de entendimiento en el primer plano.

Su casa es una gran película de horror en múltiples aspectos y porque logra dejar un aire de mismas partes aterradoras, sensibles, y hasta con un humor noble, estos tonos son poco usuales sobre todo si los logra establecer con una máxima de entretenimiento que también nos deja reflexivos, y eso siempre va a ser un gran logro.