|

CRÍTICA: MUJER MARAVILLA 1984
29
Dic

CRÍTICA: MUJER MARAVILLA 1984

En Mujer Maravilla 1984, Patty Jenkins quiere emular el tono del Superman de Richard Donner… y termina emulando al Superman de Canon.

Título original: Wonder Woman 1984

Dirige: Patty Jenkins

Elenco: Gal Gadot, Chris Pine, Kristen Wiig, Pedro Pascal

País: Estados Unidos

Año: 2020

Duración: 151 minutos

Por: Deusdedit Diez de Sollano Valderrama

Una secuela de Mujer Maravilla no debería plantear mucha complicación más que la de seguir demostrando el panorama de las grandes producciones de Hollywood que siguen ensimismadas bajo la normativa del género de superhéroes en un ejercicio que ya llevamos más de 10 años realizando… pero estamos en el catastrófico 2020 y una película de esta modalidad está destinada a marcar un antes y después. Esto en gran parte por las decisiones de su estudio que ya son demasiado famosas y demasiado serias como para comenzar a contemplar las consecuencias en las que puede que sea algo más y más normativo decir que los cines son algo del pasado en un estreno que a pesar de que se encuentra en cartelera –ya es decisión de cada uno esforzarse y ser responsable en una sala de cine si lo desea-, pero que con su estreno en plataformas digitales y la seguridad del consumidor promedio, se va a prestar a la comodidad del hogar sea legal o no.

Mujer Maravilla 1984 además, planteaba una carga de importancia para Warner, que trataba de seguir el paso exitoso de una primera entrega en sí bastante genérica y con ciertos problemas en su tercer acto, pero que con el peso de la intención como su carta más fuerte: era la primera película en ofrecer un vistazo fílmico a la superheroína más icónica del cómic de manera independiente y protagónica… y también traería del letargo profesional a Patty Jenkins, quien llevaba 14 años sin dirigir en la pantalla grande. Jenkins haría historia dentro del género con una película icónica y taquillera que de inmediato la propulsó hacia las riendas de una franquicia que aceptaría con todo gusto.

En Mujer Maravilla 1984, Jenkins aparece también en los créditos como guionista del proyecto al lado de Geoff Johns y Dave Callaham, lo cual nos da a entender de que tiene más control creativo que la primera entrega y es algo que se nota, para bien o para mal. Jenkins en reiteradas ocasiones ha mencionado que la película que le inspiró a buscar una carrera como cineasta fue Superman (1978) de Richard Donner, película que marca un punto de inflexión del género y la base de todas las películas de origen que hasta el día de hoy se intentan emular. Quizás de manera inintencionada Jenkins también formula su secuela como un homenaje directo a lo que serían las películas de los ochentas del hombre de acero las cuales se encontraban alejadas al tono de Donner por decisión de los Salkynd y, que terminaron a manos de directores que desecharon la nobleza de Superman y su interacción en un mundo que lo solía ver con cinismo –después de todo es un proyecto proveniente de la década de la decepción americana en varios sentidos- y que prefirieron remarcar la imposibilidad de este héroe y sus actos en momentos de pastelazo puro y directo dentro de sus escenas de acción. Así, en Mujer Maravilla 1984 el mundo alrededor se siente dentro de una superficialidad purísima con personajes que incluso siendo activos del mal, encuentran un escarmiento merecido de parte de la heroína en un tono fársico.

Esto es muy diferente a la épica que la gente recuerda de la primera entrega y es posible que sea el factor determinante si la gente odia o no Mujer Maravilla 1984, pero… por alguna razón nostálgica esto funciona. La simplonería de la que tanto nos llegamos a quejar cuando veíamos de niños estas películas fue sustituida por una seriedad en personajes que no la necesitaban, o que abandonaron las pretensiones de ser personajes de cómics para afrontar una visión realista o que terminaron en un terreno de manufactura inequívoca para un estudio pero que no arriesga, por lo que es muy extraño ver cómo ese afecto a una película que no se toma tan en serio llega de la mano de una persona que creció con esta percepción.

El problema va con que lejos de encontrar fascinante esta época y estas dinámicas, no parece avanzar en su argumento que se encuentra demasiado aletargado por escenas reiterativas en la dinámica de Diana (Gal Gadot) y Steve Trevor (Chris Pine) y que terminan afectando en gran medida a los antagonistas. Pedro Pascal y Kristen Wiig son fenomenales como Maxwell Lord y Barbara Minerva, porque son personajes que logramos entender en sus decisiones ante una sociedad que los mantiene como rechazados y que ante la primera oportunidad de poder asoman una cara… que en realidad no les pertenece, porque en realidad no son malas personas.

Maxwell Lord es el menos afectado porque por él ronda el liderazgo dentro de los malvados en turno y Pascal adquiere un lenguaje corporal de desesperación por no ser tomado en serio incluso cuando obtiene poderes fenomenales, el problema se encuentra con Barbara quien a pesar de ser el villano más icónico de la Mujer Maravilla y quien la película posiciona como una amiga y confidente de esta con una Wiig que de verdad se esfuerza en dar un papel torpe y de inocencia que va corrompiéndose, pero no termina por convencer la tragedia de esta situación y es literal desplazada de manera risible en una escena en donde no tiene importancia, no es escuchada por la plática de los otros dos y termina desapareciendo del lugar confirmando su vileza entera sin que los otros involucrados siquiera la puedan detener.

Jenkins toma de referencia a Superman II (Richard Lester, 1980) de manera bastante similar con la protagonista dejando de lado sus responsabilidades para intentar por primera vez en su vida obtener un acto de naturaleza egoísta… pero Superman II funcionaba por la simpleza de sus enemigos y que aquí adquieren un subtexto pseudo crítico que también va generando más problemas en cuanto más se piensa la película, y es que Mujer Maravilla 1984 termina siendo naive al pensar que los conflictos bélicos y de naciones de la época en la que se traslada fueran tan fáciles de evadir con un deseo simplón, y espera que uno no encuentre preocupante que tenga un mensaje pro israelí propagandístico cuando se acerca al medio oriente, de que la película interpola a personajes masculinos siendo detestables con Barbara para después ponerse de su lado cuando reacciona por primera vez en su vida… o de que Diana la más pura de las princesas amazonas está incurriendo en un acto de violación con un hombre que la película parece indicar como homosexual porque por gracia de una piedra su sueño resulta más complicado que el de los demás.

Quizás el clavo final lo obtenga la película cuando incurre en el mismo error de su primera parte: con un final estrambótico a la luz de la luna para evitar coreografías complejas y que dejan un sabor más insípido que la última ocasión. Mujer Maravilla 1984 es una gran decepción por parte de fanáticos del primer filme y es muy curioso pensar en que Warner apostaba todas sus fichas con semejante película, es una producción torpe que por supuesto que se puede ver como una encantadora pieza de entretenimiento banal con todo y una escena que intenta plasmarla en el canon de las películas navideñas sin necesariamente serlo, porque para este 2020 la premisa de una mujer poderosa salvando al mundo parecía necesaria, pero ustedes juzguen si lo logra o no.