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DEAD RINGERS (1988)
8
Oct

DEAD RINGERS (1988)

Proviniendo del éxito de “La Mosca”, uno no pensaría que David Cronenberg entregaría su obra más perfecta en un drama doliente y misterioso sobre gemelos ginecólogos.

Hay una anécdota curiosa respecto a Dead Ringers y que resume el desinterés de los estudios respecto a la película: su título original era Gemini, pero por no sonar atractivo los ejecutivos pedían un cambio de nombre, el cual llegó a ser Gemelos… que volvió a ser otro nombre temporal ya que entraba en conflicto con Gemelos de Ivan Reitman, que se estrenaba el mismo año que la película de Cronenberg; sí, esa película de Danny De Vito y Arnold Schwarzenegger fue más importante para los estudios, y más taquillera que Dead Ringers.

La pregunta incómoda para el director era: ¿Por qué si hiciste La Mosca hace dos años, te entregarías en cuerpo y alma a dirigir una película sobre ginecólogos? Y es que la importancia de la película y su lectura, radica en que SEAN ginecólogos, de ahí que Cronenberg respondiera en tono burlón con los que le rechazaban el proyecto bajo la condición de producirlo pero que cambiase el oficio de los gemelos con “Si no entiendes el por qué de su labor, entonces no entendiste la película”.

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Dead Ringers (o cuyo título en español nunca he asimilado: Inseparables) crece contigo. no es la primera aproximación de la gente cuando se encuentra con la filmografía del director, pero en mi caso personal, es una que poco a poco ha escalado hasta el tope de mis favoritas, porque creo con fervor, de que es una clase magistral de actuación y misterio por parte de todos los involucrados, y que parece curioso que revise en la temporada de Halloween siendo que se trata de un drama, pero existe una innegable condición del horror que maneja Cronenberg. La de la identidad.

La identidad es algo que se borra entre Beverly y Elliot, los gemelos que poseen características físicas similares y perfectas pero que han sabido adaptarse a su refracción física. Aprovechan su fascinación por el sexo femenino que les ha dado una

carrera fructífera y de vez en cuando se divierten con la misma mujer sin que esta sepa con cuál de los dos se está acostando, esto parece tener un aire juguetón, pero es cuando llega una persona en discordia a la vida de los dos, que los límites de personalidad se pasan de cuerpo a cuerpo y se define la identidad en todo decadente.

Es preciso que la audiencia se cuestione, y esta es una gran película que propone preguntas en la mesa para análisis de cualquier tipo: ¿Los hermanos forman una sincronía perfecta que no necesita factores ajenos? ¿Los factores ajenos provocan su caída y reinserción de identidad nunca estable? La descomposición del modus operandi y por ende, de la vida del dúo es difícil de ver, y no precisamente por ser grotesca al nivel que la audiencia está esperando de la visión del director.

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Aunque, hay momentos en los que se da a la tarea de ofrecer esa pizca de sangre inquietante, con esa calma poética a la que nos acostumbró. Cronenberg visualiza a los ginecólogos, como hombres del medievo que operan en un sentido religioso, llegando a usar aparatos desconcertantes para el ojo ajeno o desinteresado en la matriz.

Dead Ringers tiene un gran trabajo de guión, pero este se soporta con grandes actuaciones, y Jeremy Irons ofrece la actuación de su vida como los gemelos, porque su tratamiento es extremadamente serio y sabe proponer las dos personalidades de los hermanos. Como Beverly lleva un camino más autodestructivo porque es el hermano con menos identidad de los dos, afeminado–desde el hecho de su nombre- y el más abierto a que una persona se adentre a su vida de frialdad que ha tenido que plantear como suya gracias a su hermano, es Beverly el genio médico que por la desfragmentación de su ser, termina paranoico y desgarrado de amor, que no sabe volver a poner en matrimonio sus capacidades médicas, y las nuevas sensaciones que nunca había tenido. Beverly sufre, también por la incapacidad de discernir frente a las actitudes de Elliot, el hermano mayor y por ende, superior, el que obtiene un aire sexual poderoso a diferencia de la vulnerabilidad del otro, y quien es controlador porque la idea de ser gemelos, es parte de una fuerza superior que sólo él logra entender y disfrutar.

Cronenberg es atinado a mostrar la relación de los hermanos y de su aparición en pantalla. Filmes modernos usarían los efectos especiales para consagrar esta idea, pero en Dead Ringers, vemos que la importancia radica en la creación de Irons, en cómo podemos percibir a cada gemelo y por ello, cada momento en donde aparecen juntos, es un logro por donde se le quiera ver.

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También, podríamos ponernos a reflexionar sobre el otro culpable de la caída de Beverly, Geneviève Bujold como Claire es una actriz, al igual que los gemelos, capaz de difuminar su personalidad como lo requiera gracias a su actividad laboral, pero que posee una ansiedad enfundada por su nula consagración maternal que le hacen tener un caso de sadomasoquismo y adicción a los medicamentos, que termina traspasando a uno de los hermanos, quienes también la encuentran fascinante por una anomalía médica que les hace sentir asociados a ella.

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Cronenberg para finales de los ochenta se estaba cansando de que lo etiquetaran como un maestro del body horror. En estos tiempos pregúntale a un fanático de Rick & Morty sobre el director y de inmediato te van a reflejar lo que él nunca quiso: que fuera recordado por ser el tipo que hace películas asquerosas. Y es que si somos honestos, los prejuicios hacia su obra son latentes: siempre contemplado como un cineasta que busca el shock, lejos de ser uno capaz de ofrecer lecturas interesantes sobre nuestra naturaleza humana y la incomodidad biológica existencial frecuente en toda su obra, es un estigma que nunca he entendido por qué le persigue hasta ahora.

En Dead Ringers, hay una obra compleja. Es desoladora y triste como dando a probar un punto sobre las capacidades del director, y que en efecto deja los pelos de punta,

porque las lecturas inquietantes sobre la psique humana, terminarían atrayendo al director en su segunda etapa como realizador, etapa igual de inquietante que mostrar pus y órganos sexuales escabrosos en la pantalla grande.