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ALICE (1988)
7
Ago

ALICE (1988)

¿Por qué Jan Svankmajer haría Alicia? Esa pregunta tiene una respuesta clara, porque Svankmajer hasta 1988 ya había mostrado su fascinación por la obra de Lewis Carroll, pero la pregunta va más en el sentido de ¿Por qué tras 24 años de carrera, decidiría hacer un largometraje?

Quizás tenga que ver con su postulado respecto al surrealismo, que a pesar de encontrarlo conflictivo con otros artistas de la variante –y que le genera constantes dudas entre su carrera- no es que pueda negar su influencia dentro de su obra. Esta constante lucha de hacer material surrealista que no es arte llevaba un camino casi encomendado de adaptar la novela más influyente para la corriente: Alicia en el país de las Maravillas.

La diferencia radica, en que Svankmajer deja claro que no será fiel desde el inicio: su título original Neco z Alenky se traduce a “Algo para Alicia”, y ese algo es una carta de amor por su parte –porque nunca niega su fascinación por la obra- y sus sensibilidades como artista, ese que encuentra importante la vida de los objetos cotidianos, y qué mejor manera de indagar al respecto que un mundo en donde no existe el aparente sentido común.

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Alicia de Svankmajer siempre entra a debate con puristas de la obra y fanáticos de las adaptaciones. Se le tacha de ser una película vacía, de una obra que no busca adaptar al pie de la letra lo que pasa en la novela y de que es extremedamente aterradora, que en realidad son las bases y corazón de Alicia en el País de las Maravillas, un lugar sin mucho razonamiento, que busca ser desesperante por la falta de lógica y que Svankmajer traduce en el sentir de que es un sueño, y precisamente no debería de existir coherencia conductora en escenas, y siempre con la intranquilidad de que las criaturas del lugar sean espantosas.

Si uno se deja llevar bajo esa noción, el viaje adquiere una lectura mucho más siniestra, pero jamás deja de ser atrapante, porque esos años de stop motion de Svankmajer no dejan duda alguna de su aguda intención en la puesta en escena, y de manera más sorprendente, el rigor con el que trabaja.

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Hay que darle crédito a Kristy’na Kohoutova, por su paciencia a la hora de trabajar en condiciones exigentes para una niña de su edad, y sobre todo porque jamás busca tener una actuación convincente y “mágica”; su Alicia es una que se deja llevar por los contratiempos de cada cuarto estando en una especie de trance, que no hace más que afirmar este sentimiento extraño de fantasía dentro de su propia cabeza.

Y es que hay escenas tan complicadas, y en donde no le ayuda –o hace fácil- que su diseño de producción sea sucio y lleno de aserrín, lo que siempre me ha puesto a pensar en que Jan andaba de puntillas moviendo todo lo de su alrededor para que se perciba de manera natural, tan natural, que llega a incomodar. Yo como muchos de nosotros, encontramos a Jan Svankmajer por azares del destino mientras bobeaba por la televisión, y volver a ver escenas que no había visto en más de 20 años, son una refrescante remembranza de mis miedos, y por supuesto que fascinaciones.

Es una obra agresiva, grotesca, y acongojante, que funciona a la perfección si la vez siendo niño, porque de inmediato quedas prendido del estilo y de la práctica de un cine que hasta en ese momento te sonaba desconocido, en ese sentido, Alicia era leña para un hambre cinéfila (y mi introducción a Svankmajer), por lo menos mi leña en una época donde los descuidos de mis padres me dejaron ver cosas que parecían prohibidas, y a veces lo pagaba con más curiosidad, otras veces con no dormir por las noches, la Alicia de Svankmajer fue de las segundas, y lo único que puedo decir, es: gracias, de todo corazón.

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Excepto por esa rana, me sigue causando repudio.