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HELLBOY (2019)
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May

HELLBOY (2019)

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Con su tercer strike, Hellboy se suma a la larga lista de películas de superhéroes problemáticas dentro de su producción, que se reflejan en un producto que desperdicia todo su potencial y empeño perceptible.

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”21253″ img_size=”full” alignment=”center”][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Director: Neil Marshall.
Elenco: David Harbour, Milla Jovovich, Saha Lane, Daniel Dae Kim, Ian McShane.
País: Estados Unidos.
Duración: 121 minutos.
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Hellboy en el cine siempre estuvo en el lugar y tiempo equivocado. A pesar de los esfuerzos de Del Toro en ofrecer películas consistentes y de las más personales en el mundo del superhéroe fílmico, la primera salió en el año en que Sam Raimi ofrecía su mejor revisión del amigable vecino trepa muros favorito de todos, dando por efecto un ingreso de taquilla apenas rentable. Cuatro años después y con otro estudio encabezando el proyecto, Hellboy repetiría de manera irónica el mismo fenómeno con una taquilla igual de decepcionante durante la misma semana en la Christopher Nolan entregaba su mejor revisión del caballero de la noche; los enemigos de Hellboy resultaron ser secuelas de los personajes más icónicos de su medio.

A pesar de las decepciones de no encontrar un público a primera oportunidad, la intención de Guillermo del Toro en querer terminar su saga persistía, pero con el paso del tiempo fueron apareciendo una serie de conflictos en los que, de manera más trágica llevarían a la disociación del director con Mike Mignola –quien fungía como productor y co-autor de los filmes- y el abandono definitivo de del Toro al personaje, buscando otros proyectos de misma pasión. Es un punto válido reconocer las entregas de Hellboy en el pasado, un estandarte respecto al cuidado y también el batallar de un director frente a los estudios entrometidos, a los que no dejó meter cuchara dentro de los proyectos, situación que 11 años después ha cambiado mucho, puesto que los estudios ahora perciben a estas películas como estandartes de taquilla y tienen preocupaciones al respecto, lo cual es una pena ya que se termina atropellando el trabajo de Neil Marshall.

Marshall anteriormente había demostrado ser capaz en el terreno del horror y con casi una década de no haber dirigido para cine en forma de largometraje, vuelve con Hellboy, por lo que la situación realmente debió de haber tenido un compromiso de su parte… situación afectada por los problemas de producción y una notoria cantidad de escenas que se volvieron a filmar bajo la nula guía de un director.

Se percibe esto desde el inicio con un flashback que cuentan el origen del conflicto que se nos va a presentar por parte de un Ian McShane extremadamente desinteresado –y esto es a lo largo de toda la película- que sirve como punta de lanza de una propuesta que ofrece información comprimida bajo el tiempo que consume sin lograr darle una identidad atractiva a su personaje homónimo ni la relación que este tiene frente a sus colegas. Lo cual es bastante extraño, específicamente la necesidad de la película de replantear el origen del personaje al que ya vimos, pero que aquí lo que termina ofreciendo es una pausa para el filme, volviendo a emular la secuencia con un presupuesto mil veces inferior todo para el servicio de un cameo que no aporta nada a la trama; este y muchos momentos son largos y se detienen a explicar y ofrecer orígenes a personajes, que de no haber tenido dichas secuencias pudieron haber utilizado ese espacio para generar mejores lazos de amistad o problemas dentro de la filosofía de su protagonista.

David Harbour no interpreta a un pésimo Hellboy. Si el diseño del personaje es más grotesco y rudo, la voz de Harbour es una en extremo cansada de su situación y que trata de ser comprensiva, podríamos decir que esto es un efecto negativo causado por las intromisiones del estudio y falta de dirección, pero curiosamente es algo que le llega a ayudar, a pesar de que suene que está fuera de tono con los demás personajes y sucesos. Este Hellboy no se esconde como el original y tiene conflicto respecto a su naturaleza, que tiene atisbos de complejidad con el enemigo que enfrenta en esta ocasión –una Mila Jovovich que interpreta de manera exagerada y agraciada a

Nimue, algo que casi nunca vemos dentro de su rango actoral y películas que ofrece- pero por desgracia son atisbos.

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Sasha Lane y Daniel Dae Kim, a pesar de interpretar personajes con poderes interesantes y que juegan una mejor dinámica con el personaje de Hellboy, son desinteresados a más no poder.

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La película no tiene interés –y no debiera de tener- un interés de contarnos un relato serio y profundo porque trata de ser una obra de horror con tintes de humor. En los primeros elementos funciona, porque Hellboy y varias de las criaturas tienen un maquillaje y diseño de parte de Joel Harlow, situación que explotan con secuencias repletas de gore que se vuelven entretenidas –hay un plano secuencia que omitiendo la presión del score en hacerlo sentir maravilloso funciona bastante bien- pero que no logran ser adecuadas gracias a la falla persistente de un humor que jamás llega a funcionar, que termina por generar una división notoria entre sus tonos, que van de un extremo gore y violento marcado por un humor que nunca funciona, ni en el corporal, ni en el oscuro… porque Hellboy es de esas películas que piensan que la clasificación R se gana siendo un muchacho rebelde que acaba de descubrir el mundo de la palabras altisonantes.

En este sentir, Hellboy se asemeja a una película de horror de los ochentas con todo y sus fallas, pero no creo que eso haya sido la intención, con todo y el anunció precoz de una serie de secuelas que tanto antojo tiene de exprimir sin considerar el progreso y eficacia de su primera parte, problema habitual con los estudios y sus proyectos similares. En esta ocasión –y por tercera- la franquicia es derrotada dentro de un mundo fílmico en donde los excesos del superhéroe reinan en la taquilla, la diferencia es que es muy probable de que viendo en retrospectiva, este tercer intento quede más como una mancha de lo que pudo ser.

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