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CRÍTICA: MANK
24
Mar

CRÍTICA: MANK

La historia sobre la concepción del guion de la que para muchos es la mejor película que se ha hecho hasta ahora, resultó en una de las mejores cintas del 2020 y logró llevarse 10 nominaciones al Oscar. 

Por: Jonathan Eslui

Dirige: David Fincher

Elenco: Gary Oldman, Amanda Seyfried

País: Estados Unidos

Año: 2020

Duración: 132 minutos

Tanto en Hollywood como en la industria cinematográfica mundial en general es fácil encontrar interesantes historias y anécdotas detrás de diversas producciones, cosas de las cuales no nos enteramos en su momento, pero que años después se hacen de conocimiento público y así podamos tener una mejor idea de todo por lo que se tuvo que pasar para que en disfrutáramos de ver una cinta en la pantalla grande; esto aplica con Mank, que nos permite entender mejor cómo fue la concepción de la que para muchos es la mejor película de todos los tiempos, Citizen Kane.

Años antes de que un joven Orson Welles tomara al mundo por sorpresa con su maravillosa ópera prima y de que terminara con 9 nominaciones al Oscar, el guionista de dicha cinta, Herman J. Mankiewicz, pasó por un difícil proceso durante el cual tuvo que enfrentarse a sus demonios personales mientras permanecía alejado en una cabaña para escribir el que terminaría siendo su mejor guion y, por cierto, la razón por la que el filme obtuvo su único Premio de la Academia.

Todo el proceso creativo y casi autodestructivo de Mankiewicz es retratado a la perfección por David Fincher en Mank, producción autobiográfica que además de mostrar cómo fue el duro camino hacia la escritura de Citizen Kane, funciona para que veamos cómo eran la industria cinematográfica, la forma de pensar en Estados Unidos y el ambiente político durante los años 30, que fue la época en la que se concibió el guion de la obra maestra de Wells.

Con una sublime actuación, Gary Oldman sostiene la historia y logra transmitirnos las emociones de su personaje, cuyas acciones resultan fáciles de entender e incluso llegamos a sentir una alta empatía por él; se trata de un sujeto cínico, honesto, talentoso, ingenioso, perceptivo, alcohólico, adicto a las apuestas, muy listo y que se arriesga innecesariamente. El protagonista es presentado como un guionista acabado y sin estabilidad laboral en quien ya nadie cree, pero que es capaz de escribir su obra maestra, una que molestó a muchos y que lo marcó.

Mank logró terminar uno de los mejores guiones de la historia en un tiempo record y teniendo todo en su contra, mientras se recuperaba de una lesión, pero lo pudo hacer gracias a su terquedad, su talento, la ayuda de una asistente experta en redacción y mucho alcohol como su principal instrumento de apoyo.

Resulta interesante también conocer la historia detrás de la escritura del guion de Citizen Kane, la relación de su guionista con la persona real que inspiró al personaje de esa cinta y la forma en la que inició, se transformó y terminó desastrosamente la relación entre dos sujetos tan talentosos como lo fueron Mank y Orson Wells, quienes al final acabaron odiándose mutuamente.

A través de los ojos de Mankiewicz somos testigos de cómo puede llegar a corromperte y destruirte la industria cinematográfica en ciertos casos, con ejecutivos que lo único que ven es su beneficio, ya sea en lo económico u en otros aspectos.

Mank muestra los antecedentes previos al surgimiento del gremio de escritores en Hollywood, la situación por la que pasaban en esos momentos los estudios y la industria cinematográfica estadounidenses, cómo funcionaba el sistema de estudios, cómo afectaron la Depresión y los conflictos armados a la industria del cine estadounidense, un retrato de los entonces directivos del estudio MGM, la manera en la que algunos personajes de la industria cinematográfica se involucraban en la política y la percepción que se tenía en ese entonces en Hollywood acerca del talento recién llegado Orson Wells. También se hace un retrato del magnate de los medios de comunicación William Randolph Hearst y de su relación cercana con personalidades del cine y políticos, se presenta la forma en la que ayudaba a manipular elecciones políticas usando su imperio de medios y esta parte resulta importante en la trama, y en la historia del cine, ya que Citizen Kane se basa en su figura.

La película avanza bien, intercalando el tiempo que Mank pasa en la cabaña para cumplir contrarreloj con la tarea de escribir un guion con flashbacks que nos permiten entender mejor su manera de actuar, su relación con Hearst y lo que pasaba en esa época tanto en la industria del cine como en Estados Unidos. Tiene justo un aire de cinta de Hollywood de los años 40 en un elegante blanco y negro, y por razones obvias tiene claras referencias y semejanzas con Citizen Kane. Se supieron cuidar detalles como la fotografía, la edición, la música, el vestuario, la edición y el montaje para que pareciera una producción de los 40, logra capturar la esencia del cine que se hacía en aquella época.

Mank es en muchas formas una sincera carta de amor al cine clásico y a los primeros años de la industria cinematográfica como tal. Se trata de uno de los mejores trabajos de Fincher y realmente vale la pena verla.