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UN LUGAR EN SILENCIO (2018)
11
Abr

UN LUGAR EN SILENCIO (2018)

Un lugar en silencio es una película de terror que usa los elementos tradicionales del género y juega con ellos y su audiencia en un viaje tan efectivo como emotivo, y proviene de un director que no ve películas de terror… de la productora de Michael Bay… en una temporada muerta para el género: es un milagro.

El género del horror tiende a ser el más catedrático de todos. Yo lo he usado para exponer puntos importantes sobre la realización de cine en general y es fácil de entender conceptos como música, montaje, posicionamiento de cámara y estructura de guión en obras que levantan los pelos de punta. Por ser precisamente el más fácil de digerir, tiende a ser también el género que más gimmicks usa a su favor. Esto no es novedoso; si uno repasa sus lecciones de historia dentro del género, encontrará nombres como William Castle, que hizo de las labores del gimmick un arte, claro que sus intenciones eran más la de promoción, pero estas siempre iban asociadas al fenómeno de capturar al espectador dentro y fuera de la trama.

Un lugar en silencio cumple estos requisitos. No sólo utiliza el gimmick del silencio en el horror, sino que incita a todos los espectadores a guardar silencio y prestar atención, y miren… vivimos en una época en donde la gente no puede despegarse de su celular, así que la labor que hace parte del género del horror y la pasión entre sus espectadores que respetarán cualquier predicamento o regla que les trate de imponer. Lo bueno, y mejor de todo, es que Un lugar en silencio sobrepasa ese factor, porque no se queda sólo en el truco impuesto sobre su audiencia, otorga una experiencia cinemática pura, divertida, y excepcional para la carrera de Krasinski

Abrimos con un futuro hipotético en donde el mundo ha estado enfrentando a unos misteriosos seres sobre los cuales no tienen idea del origen e incluso peor, una debilidad, porque a pesar de ser ciegos, los animales se guían por los ruidos que como sociedad tenemos acostumbrados a hacer. Antes de cumplir 100 días del fenómeno y la humanidad ya es frágil.

Y conocemos a la familia Abbott. Descalzos, en busca de medicinas para el hijo insalubre que tienen en una tiendita abandonada, y te golpea desde el inicio: no hablan de la manera tradicional, sino que se comunican con señas, le tienen miedo al ruido y no sabemos exactamente por qué, sólo en un principio vemos las consecuencias en el ambiente, más no en ellos, los extraños rituales que llevan a cabo no nos quedan claros, pero todo es cuestión de minutos, porque la película lanza una secuencia cruel, en donde todo se nos es revelado y de inmediato nos hacemos afines a los Abbott.

Un lugar en silencio funciona porque sabe utilizar el concepto del sonido y su importancia, que las películas del horror usan siempre como elemento exploratorio del personaje en peligro frente al monstruo, pero las reglas son tan radicales y su diseño sonoro es tan pulido que nos volvemos parte de la familia, tenemos miedo del ruido que azota la casa, los graneros viejos, entendemos que un grito alerta a las amenazas provenientes de quién sabe dónde –un guiño a los encuentros de Lovecraft seguramente- pero no queremos averiguarlo, a diferencia de los personajes que TIENEN que hacerlo.

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También ayuda a que en el fondo, sea un drama familiar con potentes actuaciones. Krasinski deja callados a todos los que podrían pensar que sólo debería dedicarse a la comedia, porque aquí refleja muchas intenciones personales y sus miedos como padre de familia: lo que estarías dispuesto a hacer por la salvaguarda de tus retoños que también poco a poco terminan alejándote de ella, con un Noah Jupe Marcus Abbott– que tiene que responder al llamado del segundo en cargo a pesar de su fragilidad como niño enfermizo, y que genera conflictos con su hermana, interpretada por Millicent Simmonds quien padece de sordera en la vida real y le da una nueva dimensión al conflicto supernatural del filme, porque es incapaz de presentir la presencia de los aterradores seres en secuencias completamente nerviosas para la audiencia que llegan a exclamar lo que ella no percibe.

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Pero si alguien se lleva la película, es Emily Blunt. Esposa de Krasinski en la realidad y la que lo apoyó constantemente en el proyecto, al grado de incitarlo a dirigir una película de horror muy a pesar de que no son fanáticos del género en sí. Desde pósters y anuncios publicitarios la imagen de Blunt llama la atención por su rostro de horror, y no es hasta que uno ve la sarta de adversidades que sufre –en las mejores secuencias de todo el filme- que se destaca su capacidad actoral, con genuinos rostros de horror pero jamás en la posición enclenque que los clichés generan en personajes con sus características, también engañando a la audiencia y mostrando a un protagonista femenino enérgico, de esos que siempre decimos que hay pero pocas veces podemos recordar.

No es una película perfecta, porque a veces depende mucho del error constante del género: depender de los jumpscares. Son justificados -y más en una película sobre la falta de sonido- pero nunca son los momentos que uno recuerda saliendo de la sala de cine, uno termina recordando a la familia, a su mensaje de pérdida y superación ante la constante presencia del riesgo, y una que otra secuencia de horror que juega con los nervios sin resultar en el tradicional “monstruo saltando de la pantalla”.

Pero ese es el único detalle que encontré molesto, la verdad fue una experiencia grata sobre todo si se sabe lo mínimo del proyecto, ya que el público de la sala termina adentrándose respetando las reglas del juego del momento y por ende terminan sufriendo lo de los personajes, llegando a ser catártica con un final sacado de la personalidad de Ashley Williams… y una película de horror en donde realmente nos importe lo que le suceda a los protagonistas sin pensar en las escenas gore o de violencia, solían ser escazas, pero el resurgimiento del género por parte de realizadores que tienen ideas interesantes a la mano son una bienvenida.

Además: es de Platinum Dunes ¿Quién diría que la productora de horror de Michael Bay llegaría a hacer un producto exitoso a la par de una de las mejores películas del año que evitó las garras de J.J Abrams y su nefasto universo Cloverfield?