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TEMA GIFF2019: Fragilidad insurrecta

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TEMA GIFF2019
Fragilidad insurrecta

El arte nos ha hecho fuertes. Los puntos de vista sobre la existencia y todos los conflictos humanos han querido hacerse poesía desde la antigüedad. La belleza quiere perdurar y lo ha logrado en esculturas de mármol, pinturas renacentistas, edificios griegos clásicos y sinfonías perfectas. El ser humano quiere ser fuerte, trascendente y de ser posible, inmortal. Pero no lo es. Es perecedero, momentáneo, frágil.

Frágil es la existencia, el amor, una mirada y el tiempo en el que, por ejemplo, transcurre un beso. Apelamos a la fortaleza de la Historia para crear la ilusión de la permanencia. También para la reflexión, la valoración del pasado, de los triunfos de la humanidad y del error que a veces es también horror. Pero la Historia no nos basta, queremos algo más que “El Saber” cómo ocurrieron las cosas y por qué ocurrieron así. Nos encanta pensar en el “Cómo” pudieron haber sido y, sobre todo, si pudieron ser de otra manera. La multiplicidad de opciones nos es necesaria. Es parte de nuestra rebelión contra un destino predeterminado. Queremos ser los dueños del mundo y quizá, ahí el Arte está de nuestro lado.

Frágil, sin embargo, es también esta rebelión. Y si lo dudamos, el mito está siempre ahí para regresarnos a nuestro sitio. Es nuestro palmo de narices. Pero el hombre-artista es ingenioso, como el héroe trágico, y a sabiendas de posibilidad de la derrota le es imposible rendirse. Así que buscará materiales, modelará rostros, bailará y cantará en la noche desesperada de la creación y algunas veces, nos regalará con su obra esa sensación de ser más fuertes que el Mundo, que la Historia y que el Destino. Y cuando presenciamos la obra de arte, el alma, el cuerpo y la mente se unen en un abrazo y nos sentimos fuertes. Pero no lo somos. Ese momento de la conmoción estética está envuelto también en Fragilidad.

Frágil es el hombre-artista tratando de correr parejo con la civilización, la historia, la tecnología y la política. Carrera Trágica y Cómica a la vez. Perdida de antemano. Y mientras la pintura, la música y la arquitectura se aferran a la materia como balsa de salvación, la ficción dramática se resigna y se autonombra como un Arte Efímero. “Es” por un momento. Sin embargo, quiere siempre contar una historia. Así que crea personajes, situaciones y conflictos, vuelve a la Literatura su recipiente sagrado para viajar por el tiempo al menos algunos siglos. Y en ese viaje ancestral, se ha encontrado hace poco más de un siglo con el cine. Y se han vuelto amantes. Y esa pasión, sí que es fuerte.

En nuestros días es el Cine que, como un joven y vigoroso amante, toma en sus brazos a la ficción y arroja un haz de luz sobre la fragilidad de la naturaleza humana.  Es un bizarro Prometeo que ha sido forjado por una complejidad artística de voluntades verdaderamente titánicas, aferradas en iluminar el mundo y proyectarlo sobre nuestros rostros expectantes. Y lo logra. Porque este amante trágico se ha tomado el tiempo para seducir. Y quienes hacen arte a través del cine saben perfectamente que la batalla es larga, despiadada y de difícil sobrevivencia, no todos llegan, sólo unos cuantos. Pero el Cine ha asumido esa condición mítica: emprende una guerra, desciende a los infiernos, se sacrifica, se enamora, se exilia y si tiene suerte, resurge triunfante. Y nos podemos encontrar con él en la oscuridad de la sala de un cine, donde podrá lanzar su flecha y dar justo en nuestro corazón y conmovernos. Pero ¿Cómo lo logra?

Tal vez porque se atreve a ser Frágil y compasivo. A poner su mirada en la condición humana. A entrar en el corazón de Blanche Duböis, de Enrique V o de Mahatma Gandhi. Se atreve a mostrarnos las entrañas de una prisión brasileña o de una comunidad de pingüinos. Una multiplicidad inagotable de mundos, pensamientos, culturas y simples seres humanos; todo  a través de la maravillosa Fragilidad de un haz de luz.