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MUSEO (2018)
26
Oct

MUSEO (2018)

La vida y el cine nos han enseñado en repetidas ocasiones que existen sucesos reales que parecen sacados de un guión ingenioso para darle forma a una efectiva historia en la pantalla grande, una vez más estamos ante uno de esos casos.

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Durante los últimos años el cine mexicano ha tenido una importante presencia internacional en varios de los encuentros cinematográficos más prestigiosos que existen a nivel mundial, tal como pasó hace unos meses cuando, en la edición más reciente del Festival Internacional de Cine de Berlín, también conocido como la Berlinale, Museo -segundo largometraje a cargo del director Alonso Ruizpalacios, quien se diera a conocer con la genial Güeros– se alzó con una notable victoria al llevarse el codiciado Oso de Plata por Mejor Guión. Habiendo nacido y viviendo en un país tan diverso como lo es México, que está lleno de interesantes historias que vale la pena ser contadas, resulta fácil tomar cierta inspiración para hacer una película que, sin ser nacionalista, capture parte su esencia y así le pasó al cineasta detrás del maravilloso cortometraje Verde con su cinta protagonizada por Gael García Bernal y Leonardo Ortizgris, en la que se cuenta algo que para muchos será difícil de creer y a otros les recordará viejos tiempos, pero que sin duda no dejará indiferente a nadie.

Era la mañana del 25 de diciembre de 1985 y un México todavía afectado por el fuerte sismo que había tenido lugar meses atrás se despertaba con la desconcertante noticia de que habían robado más de 100 piezas que se encontraban en exhibición en el Museo Nacional de Antropología, a lo que en su momento se le consideró como “El Robo del Siglo”. Tuvieron que pasar cuatro largos años para que se recuperaran algunos de los invaluables objetos robados y para que se descubriera la identidad de aquellos que los habían tomado, algo que acabó siendo una sorpresa para muchos debido a que lo que se pensaba había sido hecho por una banda de expertos ladrones de arte, en realidad fue la obra de dos jóvenes comunes que hasta ese momento no tenían nada que ver con el mundo criminal.

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La anécdota sobre el robo perpetrado al Museo de Antropología en la década de los 80 quedó grabada en la historia moderna de México, los años pasaron y muchos la olvidaron, aunque muchos otros todavía recuerdan dónde estaban cuando se enteraron de lo ocurrido, fue un suceso que generó cierto impacto en su época y que con el paso del tiempo por azares del destino les llegó en forma de inspiración a Manuel Alcalá y Alonso Ruizpalacios para despertarles la inquietud de escribir un guión alrededor de ello, uno en el que no se hace una recreación de los hechos en cuestión tal cual pero que sí funciona como el pretexto perfecto para darle forma a una historia sobre dos buenos amigos y un gran robo.

Cambiando las identidades de los involucrados, así como también varios de los de talles de lo realmente sucedido en ese ya lejano 1985, Museo entrega su propia versión de la anécdota sobre aquel célebre robo al Museo de Antropología tomando ese hecho real como punto de partida para contar una historia en la que dos jóvenes de clase media alta, estudiantes de veterinaria, deciden cometer un robo aparentemente imposible y logran cumplir con su objetivo sin imaginarse cuáles pueden ser las consecuencias de sus acciones, ni cómo éstas pueden llegar a afectar a un país todavía golpeado por una tragedia reciente. Esta ficción, basada en increíbles hechos reales, se centra en la a veces complicada y casi siempre buena amistad que existe entre Juan Núñez (Gael García Bernal) y Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris), dos Satelucos cuyas vidas cotidianas se salen de control cuando roban un pedazo de la historia de México; el primero es alguien muy listo que pasa su día a día en medio del hartazgo que le provoca estar con su familia y que nunca ha logrado algo realmente sobresaliente, mientras que su mejor amigo y cómplice es alguien retraído con ciertos problemas para interactuar con otras personas, además de que pasa la mayor parte de su tiempo preocupado por su padre enfermo, a quien siempre está cuidando.

Ruizpalacios primero presenta rápidamente a sus personajes para conocerlos mejor, muestra las personalidades de ambos y la dinámica que existe entre ellos, luego nos hace sus cómplices en “El Robo del Siglo” para después seguirlos durante su intento por vender el botín y mientras el remordimiento llega al volverse consientes del seco golpe que representan sus acciones para una buena parte de la sociedad mexicana más allá de las clases u otros factores sociales. Mientras avanzan las escenas vamos descubriendo las posibles razones por las que los improbables ladrones de antigüedades hacen lo que hacen, aunque es algo que nunca queda implícito y esto es algo bueno en la cinta ya que nos invita como espectadores a tener nuestras propias teorías acerca de por qué dos estudiantes de veterinaria con vidas cómodas robarían un museo.

Con altos valores cinematográficos como lo son una fotografía bien cuidada, un adecuado trabajo en el apartado del diseño de producción para recrear el entonces Distrito Federal y esa Ciudad Satélite de 1985, una correcta caracterización en cada uno de los miembros del elenco con peinados y vestuarios completamente ochenteros, un soundtrack cuyos sonidos de inmediato nos remiten a la época dorada del cine mexicano, un guión redondo al que no le falta ni le sobra nada, una dirección centrada más en los personajes pero que también permite que el filme se desarrolle como aquellos clásicos del cine sobre grandes robos y un casting más que atinado que resulta en actuaciones sobresalientes para entender bien a los personajes involucrados, sobre todo en el caso de los dos protagonistas con un Gael García Bernal, me atrevo a decir, en una de sus mejores actuaciones y un Leonardo Ortizgris que se luce cada vez que se le da la oportunidad de hacerlo.

 Museo no es solo una buena película hecha en México -por favor hay que dejar de pensar que el cine mexicano es un género-, es una buena cinta en general, una que vale la pena ver y que lo mismo es entretenida como una producción sobre un crimen que como una alrededor de la amistad, también funciona como un retrato honesto de una parte de la sociedad nacional y de cómo era vivir en el país a mediados de los años 80. Más buenas historias como ésta por favor.