MANZANAS ENVENENADAS E INOCENCIA: BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANOS (1937)

Todo tiene un origen, en el caso de la empresa del ratón que todo absorbe, el llegar al poder requirió de una película avanzada para su época que casi deja en bancarrota a todos los involucrados.

Como podrán imaginar, adoro debatir de cine, es mi alimento del alma pero por desgracia no a mucha gente le gusta hacerlo, ya que ocasionalmente terminas hiriendo sentimientos que no deberían involucrar una película y la persona que trata de salir victorioso del debate, no debería suceder pero pasa… y muy a menudo. Uno de los debates más intensos que recuero haber tenido fue en una noche de fiesta; conforme las cervezas se acababan la gente terminaba reuniéndose en pequeños grupos sociales para hablar de su vida y el impacto de sus decisiones para su futuro y yo, terminé hablando de Disney tras destacar la playera que una muchacha tenía en ese momento.

Naturalmente en la conversación sale a flote la idea básica que todos formulamos frente a las películas de la empresa del ratón: que son nutriente de nuestra infancia y por ello suelen ser intocables. Sorprende ver que mucha gente le tenga mayor estima a una vhs de la empresa que a sus familiares, porque ellos fueron absorbidos por su mundo predilecto, fueron adoctrinados a tal punto de saber la trama de primera a última letra, las canciones al derecho y al revés y pocas veces cuestionar sobre qué estábamos consumiendo en realidad.

Siempre que tomo el tema, sale el asunto de que me enfada El Rey León, porque precisamente yo no tengo esa conexión tan especial con la obra, hecho que causa más incomodidad que decirles a tus padres que practicas la coprofilia… en serio. Dices eso, y la gente te tacha de una persona que nunca tuvo infancia; el tema daba para ser eterno,

porque trataba de explicar mis razones que resultan extrañas para los fanáticos, y llegamos al punto en el que se considera el pináculo de la empresa.

A lo que respondí: ¿Qué hay de Blanca Nieves?

Otro silencio incómodo, seguido por una respuesta que ya veía venir: Es una princesa aburrida, y una burla considerando lo mucho que hemos evolucionado socialmente; la respuesta me la ofreció una mujer, y me decía que a pesar de todos los intentos que hizo por años, jamás conectó con el personaje, por lo tanto la película le resultaba un tedio.

Eso me dejó pensando más de lo que debería, porque yo nunca he encontrado ese problema. Es cierto que soy un hombre y por lo tanto ese tema haya sido ajeno a mis ojos y revisiones de la obra, por lo que el analizar Blanca Nieves y los siete enanos fue una labor que quise hacer, y más en la llegada de su aniversario número 80.

Negarle importancia a Blanca Nieves y los siete enanos es grave, porque estamos hablando de un parteaguas en la industria. El término acuñado de que es la primera película animada de la historia es incorrecta, anteriormente a 1937 existieron otros proyectos que datan de la época muda del cine, la mayoría de ellos se perdieron y los pocos que quedan como Las aventuras del príncipe Ahmed (Lotte Reiniger, 1926) dejan entrever algo:

La animación, estaba en pañales, no era algo que muchos contemplasen hacer en formato de largometraje.

Lo cual es curioso, porque me imagino que la animación debió haber explotado junto a los experimentos audiovisuales de inicios del cine, pero es muy probable que se dieran cuenta de la titánica labor de dibujar para generar una historia larga. Es por ello que la animación siempre quedó en el terreno de los cortometrajes. Y en donde Disney comenzó a labrar su leyenda.

La historia de Walt es una llena de traiciones y de saber a quién adoptar para su estudio de animación que para ese entonces era redituable y de mejor calidad que la competencia. Ellos trajeron sonido sincronizado a un corto, perfeccionaron el arte de la comedia simplona, crearon a un fenómeno como lo fue Mickey Mouse… básicamente podían hacer cortos del tema que querían y eso servía de experimentación y con éxito monetario. Fue la idea de Walt la que hizo a todo mundo frenarse: Hacer una película sería caro, y no sería rápido.

No lo fue.

Duró más años en realizarse, el presupuesto se elevó demasiado, Disney tuvo que hipotecar su hogar, su nombre quedaría manchado como aquel que intentase hacer un largometraje animado, cuando todos los demás estaban cómodos con 15 minutos. Y esa proeza, no es la única de la película, porque también hablamos de un manejo de cámara increíble para su época.

Es esta parte… la que más me sorprendió durante mi revisión, porque la cámara lejos de estar concentrada en un solo plano decide moverse, enfoca a cada uno de los enanos con precisión –para la época- y dándose el lujo de hacer zoom in y out, y jamás pierde el tono o la intención de mostrar las personalidades de los enanos, no se siente barata, se siente parte orgánica de la película.

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Y todo en pro de capturar lo que a mi parecer es una esencia onírica; no podíamos decir que busca ser una versión fiel a los cuentos de hadas originales, esos que funcionaban como advertencias crueles para los niños del pasado, por obvias razones decide cambiar ciertos elementos para seguir imperante con el tema principal de la película: inocencia.

Al ser pionera en este campo considerando su calidad frente a la competencia, no es presuntuosa y relata la historia del personaje más puro de la historia del cine, uno que termina formulando una visión de inocencia que jamás se vuelve ignorancia en los ojos de la audiencia, porque Blanca Nieves jamás se vuelve detestable.

Es cierto, es un personaje simplón a comparación de otros, y su dedicación a limpiar parece ser la mancha más grotesca en estos tiempos, pero habría que entender dos cosas: es un producto de otra época y más importante… va aunado a las virtudes del personaje.

Porque no importa qué tan harapienta se vea o que termine haciendo las labores del hogar gracias a su madrastra que quiere verle en una posición inferior a ella, no pierde su entusiasmo y actitud positiva frente a las cosas… encanto que termina por encantar a un joven forastero, que le ayuda con los animales del bosque, que al llegar a un hogar ajeno al suyo se preocupa por el descuido de este y ofrece lo que sabe hacer sin sentir una obligación. Y no lo sé, su mensaje de valor frente a las amenazas de este mundo hablan de una lección que el mundo tomaría de manera más afectiva si consideramos que la segunda guerra mundial comenzaba a desencadenarse.

Blanca Nieves es virginal y símbolo de toda la pureza que ese mundo requiere, porque termina siendo el lado positivo y maternal de donde se encuentre.

Y esto es interesante, porque no es el personaje principal ni el más desarrollado, eso es encargo del villano, y de los enanos.

La reina malvada ES el villano del cine. Tampoco se expresa mucho de su historia (salvo algo anecdótico como que es cruel al torturar a un preso con sed), pero es a través de su lenguaje corporal que se vuelve fascinante y horrendo. Es una mujer que a diferencia de Blanca Nieves posee una sexualidad madura –alejándose completamente del plan original de crear un personaje similar a La reina de corazones de Alicia– y es poseedora de movimientos cuasi teatrales que le hacen sentir enteramente confiada, pero no al nivel de poder vivir a costa de que aquella chiquilla, esa mugrosa lavandera… es mejor que ella. No puede vivir con ello y decide arrastrar a una persona ajena a sus planes macabros, que incluyen la poética solución de obtener su sagrado corazón.

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Y, al no obtenerlo, ya que la gente es incapaz de hacerle daño a alguien tan noble como a su hijastra, de manera curiosa decide cambiar su porte erótico y recio por el de una mujer anciana, carente de belleza o rasgos del pasado.

Sobra decir que la escena de la transformación, es el punto cumbre del filme por muchas cosas. Es el momento en el que los creadores también se exigen a la hora de animar – como la sombra de las hojas del libro que abre- y que se vuelven creativos y con ganas de espantar a la audiencia, sean niños o adultos. Y precisamente La Reina Malvada carga con desprecio su apariencia física, pero esto no parece importarle a Blanca Nieves que a pesar de ser aterradora –y de ser poco amigable frente a los animales del bosque- encuentra perfecto el disfraz de una pobre anciana que requiere ayuda.

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Y dicho sea de paso, este es uno de los primeros jump scare de la historia del cine, y sigue siendo efectivo.

Y por último pero no menos importantes, están los enanos, los cuales carecen de toda señal de vida fuera de su mina en donde obtienen piedras preciosas sólo para ellos, hasta la llegada de Blanca Nieves quien curiosamente adopta una posición materna con ellos a sabiendas de su edad y limitantes pero llenando el vacío que impera en su vida.

Los enanos son reconocibles de inmediato, con la característica que unifica su nombre con sus actitudes, y dejarlos pasar por comic relief sería muy torpe. Ellos también poseen una nobleza, hasta el más duro se quebranta con el aparente fallecimiento de la luz de su vida.

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Y… esa precisamente es mi posición respecto a la película. No la había visto en años y temía que fuese un vejestorio a comparación del gradual pero siempre positivo cambio políticamente correcto de la empresa. La situación es, que soy un adulto: entiendo lo que costó hacer la película, y como documento histórico es una de las películas más agradables que uno pueda revisitar a pesar de las décadas de distancia entre la última visita, visitas que tampoco son desperdicio, porque también recordé que si pienso eso de la obra, es porque de niño me afectó de manera tremenda.

Aprecio la fotografía, el diseño, la bellísima música de Frank Churchill que debería ser considerada un clásico moderno a la par de las obras de Prokofiev -quien terminaría alucinado por la película y la consideraría su máximo a alcanzar- y los temas que puedo analizarle en estos momentos, pero esa conexión sentimental fue porque yo también reí con las estupideces de Tontín que se volvió un Chaplín de colores canónico, me identificaba con Gruñón y su torpeza al entablar contacto con una mujer y por ser solitario, me escondía de la Reina que en más de una ocasión juré haber visto por la ventana de mi cuarto, acechando con esos ojos enormes, y quedaba devastado en la escena del funeral. Hasta puedo decir que los enanos me enseñaron antes que mis padres a lavarme las manos antes de comer y dejaron una cicatriz en mi mente porque cuando trabajaba en mis deberes escupía una y otra vez Heigh Ho.

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No debo ser el único, pero Blanca Nieves y los siete enanos tiene una calidez que sólo en la infancia funciona, sin tomarle el pelo a nadie y sin ofrecer una obra desechable. El mundo se daría cuenta de ello ese 1937 porque se volvió el primer gran éxito que tanto deseaba Disney y se volvió un parámetro de belleza y análisis por dónde se le viera. Además de ser la primera película en utilizar el potencial de productos derivados, y más importante aún, se consideraría la importancia de la música integrada dentro de la película con potencial de que sonase en la radio y la venta de esos vinilos llenos de la voz de Adriana Caselotti. Una artesanía proveniente de la máquina capitalista más famosa del mundo que para en ese entonces luchaba por sobrevivir y tener una oportunidad de decirle a todos que la animación era sostenible para el público que carcajeaban y orinaban esos asientos, pero que formaron parte de 8 millones de dólares que recaudó a lo largo del año en una época en donde los boletos de cine costaban apenas unos centavos.

Es una gran película y es muy probable que la empresa haya quedado callada frente a su aniversario magnánimo para no presentar problemas frente a las nuevas voces, pero que la cultura popular no sería la misma sin ella, y que ahora que soy un adulto encuentro un lazo muy estrecho entre sentimentalismo y la presencia de una obra maestra que difícilmente vamos a superar. Así que, lo recomendable sería revisarla, en el cine, en la casa, pero más interesante sería ver el fenómeno que cause verla con nuevas generaciones, y darles a entender que todo, absolutamente todo lo que ven en el cine, es por culpa de esa muchacha blanca como la nieve y dulce como las manzanas.

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