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MANDY (2018)
10
Abr

MANDY (2018)

Una historia violenta sobre el amor y la venganza, que se siente como un demencial viaje de LSD. 

Por Jonathan Eslui / @JonathanEslui
Director: Panos Cosmatos
Elenco: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache
País: Estados Unidos (2018)
Duración: 121 minutos

En México son muchas las películas que a pesar de su alta calidad, por alguna razón difícil de entender se van directamente al DVD, Blu-ray y formatos digitales, sin llegar a tener un estreno comercial en salas de cine, ya que se le da preferencia a propuestas más fáciles de digerir o de vender entre el público para asegurar ganancias considerables en taquilla. Un nuevo ejemplo del fenómeno mencionado es el de Mandy, cinta que llamó la atención de propios y extraños a lo largo de 2018, triunfando en algunos festivales internacionales y colocándose en los tops de lo mejor del año tanto de críticos especializados como de diversos medios de comunicación.

Mandy nunca llegó a la cartelera comercial en México y recientemente se estrenó directamente en DVD, al igual que en formatos digitales, aunque no está disponible en Blu-ray. Es una pena que una propuesta cinematográfica tan interesante como la dirigida por Panos Cosmatos no tuviera el estreno que merecía, pero aun así vale mucho la pena hablar de ella, destacando las razones por las que hay que verla sin importar que no sea en una pantalla grande, donde es toda una experiencia gracias a sus altos valores fílmicos.

Red (Nicolas Cage) es un hombre común que tiene una vida feliz junto a su amada Mandy (Andrea Riseborough), pero cuando un grupo de extraños se atreve a lastimarla, él simplemente desata un infierno sobre todos ellos. Nuestro protagonista pasa su día a día con el amor de su vida, alguien con quien comparte sus gustos e intereses y a quien solo le importa estar con él sin importar lo que pase en el mundo exterior, juntos viven en un lugar alejado y aislado en el que tienen largas conversaciones, hacen lo que quieren y se acompañan mutuamente pasando muy buenos momentos.

Después de ser vista por el perturbado líder de un peligroso culto hippie extremista, Mandy se convierte en la obsesión de él y en el objetivo de sus seguidores, ella es raptada con la ayuda de un grupo de motociclistas infernales que recuerdan a los Cenobitas de Hellraiser y que también tienen una apariencia como si hubieran salido de una entrega de Mad Max. Con impotencia, Red es testigo de cómo le arrebatan a su amada, pierde la razón y al darse cuenta que está ante maldad pura se olvida de cualquier clase de restricción que pudiera existir para conseguir la venganza que se merece, él sabe que debe hacer sufrir a quienes causaron su sufrimiento y uno a uno los matará. Cuando el dolor y el odio son tus principales motivaciones, cualquiera puede ser muy peligroso y más si cuentas con las herramientas necesarias para causar dolor.

Mandy es una de esas películas que se te quedan grabadas por mucho tiempo luego de verlas y en este caso ese efecto se logra principalmente gracias a una estética psicodélica que todo el tiempo te hace sentir en medio de un viaje con LSD, donde predomina una paleta saturada de colores cálidos. También encontramos una historia de amor y venganza con la que cualquiera puede identificarse fácilmente, con un hombre común que un día se ve obligado a hacer cosas extremas para intentar curar la ira que siente.

Además, sobresalen la grandiosa actuación ofrecida por un Nicolas Cage en uno de sus mejores papeles en mucho tiempo -verlo con esa cara de loco que pone solo hace que uno se emocione y se contagie un poco de toda esa intensidad que muestra-, algunos personajes salidos de las pesadillas más dementes que alguien podría tener, un diseño de producción particular a partir del cual se crea un mundo que se siente tan cercano como imposible, un excelente trabajo de fotografía, música que complementa muy bien cada escena y secuencias de acción llenas de violencia, sangre y momentos brutales.

El cine de género nos ha regalado todo tipo de historias centradas en la venganza, pero pocas han resultado tan demenciales e intensas como Mandy, una auténtica experiencia cinematográfica que debe experimentarse de principio a fin.