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Isela revela una presencia monumental dentro y fuera de personaje,

una identidad capaz de deconstruir la traza entre moral y arte.

Ella es mujer insignia, un portento, en la extensión absoluta del carácter.

La gran actriz, la fiera política, el símbolo de libertad; Isela Vega Durazo personifica todo el resplandor que anuncia el título de Estrella de Cine. La artista originaria del rancho “La Gloria” en Hermosillo, Sonora, hizo carrera entre escenarios, cine y televisión, conducida desde siempre por su inmanente presencia. Una mujer que escribe, canta y grita, si es necesario hasta en las calles; una actriz de voz fuerte y gesto sutil, para encarnar con dignidad y precisión la raíz de cada personaje. Isela Vega ostenta una trayectoria de arte sólido, con su humanidad en el primer plano y su desnudez como primer estandarte libertario. A los setenta y siete años de edad y cerca de sesenta de carrera artística, ha participado en casi ciento veinte producciones, entre televisión y cine, manteniendo un temple firme como mujer idealista que no se deja avasallar por la moral ajena.

Antes de encontrar la vocación de actriz, Isela tuvo su primera oportunidad sobre el escenario en 1957, al convertirse en Princesa del Carnaval de Hermosillo a los dieciocho años. Pronto incursionó en el modelaje y aprendió a hablar inglés; se dedicaba a cantar en bares de la Ciudad de México cuando descubrió la actuación. Pocos años después, en 1960, tuvo su primer papel en la película Verano violento (Alfonso Corona Blake, 1960) y en el teatro, con Una viuda y sus millones, el mismo año. A partir de entonces, su participación en teatro, televisión y cine mexicanos se volvió constante y su nombre no tardó en ocupar un lugar estelar en las marquesinas.

Con su primer protagónico en Don Juan 67 (Carlos Velo, 1967), en la que compartió créditos con Mauricio Garcés, la carrera actoral de Vega despegó y tan sólo durante la década de 1970, en la que también ganó fama por sus desnudos, apareció en 28 películas. Su actuación en la cinta Bring Me the Head of Alfredo Garcia (Sam Peckinpah, 1974) marcó su debut en el cine extranjero y consagró su nombre como actriz; también colaboró como cantante y compositora con Bennie’s Song, uno de los temas de la película. Un par de años más tarde trabajó con Arturo Ripstein en La viuda negra (1977) y por su actuación ganó el Ariel de Plata a la Mejor Actriz. La creatividad de Isela Vega no conoce de límites. Cuando incursionó en la escritura, dirección y producción de cine, en 1986, realizó la cinta de misterio Las amantes del señor de la noche, en la que compartió créditos con Irma Serrano, Lilia Prado y Emilio “El Indio” Fernández.

Con el paso del tiempo, la actriz consagrada se convirtió en una artista indispensable para el nuevo cine mexicano de los años noventa. Su participación en aclamadas series de televisión y telenovelas mantienen vigente su poderosa presencia en las pantallas nacionales e internacionales, Isela Vega brilla con el resplandor de la más nutrida experiencia de vida en el medio artístico.

Sus interpretaciones nítidas y firmes le han merecido un gran reconocimiento y un Ariel de Plata más por Mejor Actriz de Reparto, en el año 2000 por La ley de Herodes, de Luis Estrada; así como dos Arieles por Mejor Coactuación Femenina, en el 2007 por Fuera del cielo, de Javier ‘Fox’ Patrón, y en 2015 por Las horas contigo, de Catalina Aguilar Mastretta. También ganó dos Premios ACE a la Mejor Actriz de Reparto, en 2001 por La ley de Herodes, y en 2010 por Arráncame la Vida, dirigida por Roberto Sneider. En el 2011 fue nominada a una Diosa de Plata por Mejor Coactuación Femenina en Crónicas Chilangas (2009).

Isela Vega es un portento de talento, trabajo y de una belleza inagotable; su vida y su carrera son reflejo de que siempre ha hecho, ha hablado, cantado, bailado, actuado y amado como ha querido. En un medio en el que los hombres escribían, dirigían y administraban todo en las películas, Isela se mantuvo siempre fiel a sí misma a pesar de personajes donde las mujeres imaginadas eran definitivamente limitadas. Isela Vega encontró la fórmula para transformar la vulnerabilidad en poder, desde posar desnuda hasta la militancia en las calles. Quien en los setenta fuera una rebelde orgullosa y símbolo de libertad sexual, más tarde fue recordada por Elena Poniatowska por su participación política desde la izquierda mexicana, un acento sobre sí misma. Isela Vega ha sido buena cuando ha tenido que ser buena, y contestataria, cuando se le ha dado la gana.

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