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Escala Richter
26
Jul

Escala Richter

Patti Cake$

Dirección: Geremy Jasper

Selección Oficial Largometraje Internacional

La Escala Richter dice: Para ser un artista hay que vivir una vida. No importa de dónde vienes, quiénes fueron tus padres, dónde estudiaste ni qué clase de educación recibiste, si viviste una vida y quieres expresar algo de lo que esa vida ha sido para ti, entonces tienes lo necesario para ser un artista. Simplemente debes estar dispuesto a entregar una parte de ti mismo para que el público lo reciba. Patricia Dombrowski (Danielle Macdonald) tiene 23 años, tiene un sobrepeso significante y vive en los barrios de Nueva Jersey con una mamá (Bridget Everett) que alguna vez fue cantante y tuvo que abandonar ese sueño cuando quedó embarazada, y su abuela (Cathy Moriarty) que padece una enfermedad que les está causando problemas financieros. Patti sueña con ser estrella del hip hop (se hace llamar Killa P) y junto con su mejor amigo Jherome (Siddharth Dhananjay) busca la manera de transmitir sus rimas al mundo en un ambiente que no le ve mucho futuro a ella.

Una historia como esta no es nueva. Se ven las influencias de películas como 8 Mile y Precious (así como muchas otras que tratan de soñadores tratando de escapar su vida urbana), pero la frescura en esta historia viene de su protagonista. Patti no es la más inteligente ni la más carismática, pero su pasión por rapear y su entusiasmo por descubrir ese mundo es inigualable. Se expresa con groserías porque ese es el mundo en el que vive y carga con una tristeza que viene de la manera que todos la ven (muchos en el vecindario la llaman Dumbo, por su peso) y una madre que carga con el resentimiento de no haber podido triunfar por la existencia de esta hija (y que por eso no quiere verla triunfar). Danielle Macdonald es una revelación en el papel, con una energía contagiosa y una experta capacidad histriónica que se asegura que este personaje nunca caiga en lo grotesco. Bridget Everett la complementa, creando una mamá completamente humana, con celos y resentimientos, pero compasiva y orgullosa cuando tiene que serlo. Cathy Moriarty, experta que es, se roba cada escena en la que está, interpretando a una mujer que sabe que está al final de su vida y que aunque no entienda lo que su nieta está haciendo, está feliz de verla feliz (y que la incluya en esa felicidad).

Con tantas películas en el festival que le apuestan a la objetividad, es un alivio ver una cinta con un punto de vista subjetivo y dado que se trata de una mujer con sueños de ser artista, ser subjetivo es justo lo que esta historia necesita. El director Geremy Jasper utiliza luces brillantes y técnicas de slow motion cuando algo le emociona a nuestra protagonista, distorsiona la imagen en una escena cuando se droga (una secuencia que mezcla el horror con la inocencia) y nos mete en la cabeza de esta mujer a través de sus sueños de ser artista (la película empieza con una fantasía en la que su ídolo del rap la presenta en un show). Eso se contrasta con escenas más mundanas y muchos close-ups a las caras de los actores a la hora de expresar la realidad de su situación, una vida que genera mucho coraje, pero la película en sí nunca es miserable. En las secuencias cuando Patti y Jherome graban un disco en un estudio de grabación escondido en el panteón (pasando un túnel llamado las “Puertas del Infierno”) que le pertenece a un nuevo amigo que se hace llamar “Bastard: The Antichrist”, vemos un retrato hermoso de lo que es colaborar para hacer música. Una música que solo puede ser posible porque Patti tiene una historia que contar, y aunque la rechacen y la llamen Dumbo en la calle de aquí a que se muera, la va a contar.

Patti Cake$ se proyectará en el Teatro Juárez hoy, a las 14:00 hrs, en Guanajuato Capital.

Moulin Rouge!

Dirección: Baz Luhrmann

Homenaje a Brigitte Broch

La Escala Richter dice: “La cosa más grande que aprenderás es simplemente a amar y a ser amado”. Esta frase que originó de la canción Nature Boy de John Lennon es una de los temas de esta irreverente experiencia cinematográfica musical que se convirtió en un fenómeno cuando se estrenó y prácticamente resucitó la película musical. Pocos directores han inspirado tal variedad de reacciones como Baz Luhrmann, el visionario australiano que hace de cada una de sus películas una experiencia sensorial completa y única. La trama es plana y a momentos ridícula, pero Luhrmann es uno de esos cineastas para quien una trama es simplemente una excusa para otorgarle a su público una experiencia como ninguna y con Moulin Rouge!, utiliza canciones de Sting, Madonna, Christina Aguilera, Queen y Elton John entre muchos otros para transportarnos al París de 1899 (como solamente podría existir dentro de un estudio de 20th Century Fox) y contar la historia de un joven escritor (Ewan McGregor) que ha llegado a París ha ser parte de una Revolución de Bohemios y que durante su primer visita al Moulin Rouge, Satine (Nicole Kidman), la cortesana más buscada del lugar, lo confunde con el Duque que financiará su primera obra. Para no hacerla tan larga, se enamoran, pero Satine ya está prometida con el Duque si es que quieren montar su espectáculo.

La trama es melodramática y no siempre tiene sentido, pero lo que logra el estilo de Baz Luhrmann y la razón por la que es perfecto para armar un musical es enfocarlo todo en las emociones de los personajes. Estos son personajes que expresan mucho (incluyendo el Duque, su grito “¡no me gusta que otras personas toquen mis cosas!” ha sido parodiado hasta el cansancio) y el elenco caracteriza a cada personaje de una manera que cada uno se siente inmenso. McGregor es probablemente el más aterrizado, ya que el peso de la trama cae en sus hombros, cosa que le da un contraste con el resto del elenco. Kidman encuentra un punto medio siendo un objeto de deseo que nuestro protagonista va conociendo y va encontrando su vulnerabilidad (y uno que otros secreto). Jim Broadbent siempre ha sido mi favorito interpretando a Harold Zidler, el maestro de ceremonias del Moulin Rouge, un hombre con mucho amor por el club, mucha presencia, pero muy consciente de su lugar en el mundo, aunque también cabe mencionar a Richard Roxburgh como el Duque, un hombre con un diseño como de ratón (y una voz similar) que se ve como un hombre patético, pero que proyecta el poder que tiene.

Lo que hace que Moulin Rouge! sea verdaderamente una “película musical” (y no solamente una películas que también es un musical) es la manera que utiliza elementos cinematográficos como parte de su coreografía. Una característica clave de una película de Luhrmann es su edición frenética y aquí la editora Jill Bilcock arregla las imágenes y las corre al ritmo de la música (el Tango de Roxanne es un ejemplo suculento de esto) y como toda buena coreografía, los pasos individuales (que en este caso sería cada imagen, a cargo de Donald McAlpine), aunque vayan tan rápido que no puedes apreciarlos por completo, son exquisitos cada uno. Y, por supuesto, cada imagen es éxtasis visual y dado que el festival le rinde homenaje a Brigitte Broch, cabe mencionar el diseño de arte (en el que trabajó junto con Catherine Martin, también la vestuarista) que crea una versión de París evidentemente artificial, pero que marca la pauta para lo que va a ser esta película. Algo que sabemos que es artificial, con locaciones obviamente construidas, vestuarios estilizados, actuaciones gloriosamente exageradas, personajes que empiezan a cantar a la mitad de una escena (canciones que de hecho no se habrán compuesto hasta por lo menos medio siglo después), todo trabajando en conjunto para generar emociones auténticas y experiencias genuinas. ¡Eso es un musical! Y lo más glorioso y espectacular de esta obra maestra es que Baz Luhrmann lo entiende y lo abarca al máximo.

Moulin Rouge! se proyectará en las Escalinatas de la Universidad de Guanajuato hoy, a las 21:00 hrs, en Guanajuato Capital.