COOL HAND LUKE (1967)

Hace 50 años, un prisionero llegó a la penitenciaría de Florida, hace 50 años Cool Han Luke se mostró desafiante ante el público.

Me da tristeza ver que el nombre de Paul Newman en estos tiempos quede relegado a una referencia de internet, aquella de que existe una franquicia de salsas con su nombre y rostro. Nunca las he probado y… sé que en fondo podría tener curiosidad de preparar pasta con ellas, pero no es el punto al que quiero llegar. Paul Newman fue uno de los actores más completos de su tiempo, y es una lástima verlo olvidado incluso en los años en los que fue una estrella.

Si quieres pruebas de su maestría actoral, está “El Zurdo”, (Arthur Penn, 1958), “El Buscavidas” (Robert Rossen, 1961), “Hud” (Martin Ritt, 1963), y “La cortina rasgada” (Alfred Hitchcock, 1966) películas que rayan en lo perfecto y que lo tienen a él como el protagonista, pero de entre todas hay una película que es muy especial para mí, porque fue la que me acercó a su nombre; una obra que me parece muy destacable en ese 1967 repleta de cambios y agresiones, porque si bien todos trataban de dar una idea respetuosa de la juventud, del cambio social y racial, del progreso que se buscaba obtener, Paul Newman con Luke se mostraba menos envalentonado y más temeroso: pero nosotros lo hicimos un héroe.

Los parquímetros advierten de que se está incurriendo una violación, pero no importan sus llamados de ayuda porque terminan cayendo suelo en lo que un sujeto trata de recoger las monedas –si es que las hay- de estos, la policía llega unas cervezas después y encuentra a Luke (Paul Newman) riendo sardónicamente mientras se lo llevan.

Luke termina en una prisión de Florida que considera que la labor de los prisioneros debe ser parte de su readaptación social mientras cumplen su condena. Esta prisión pequeña está dirigida por El Capitán (Strother Martin): un hombre al que nunca conocemos por su verdadero nombre, que contrasta con el orden policiaco del lugar, siempre con ropa cómoda. Al Capitán e preocupa que de los nuevos miembros del recinto, Luke sea uno que fue capturado por un crimen inusual y torpe. Y es que la prisión no es para todo mundo, y Luke se va dando cuenta de eso, comienza a desarrollar amistad con los internos, específicamente con Dragline (George Kennedy), el líder de todo el lugar y que le da el apodo a Luke de “Cool Hand Luke” por su habilidad en las cartas… y todo mundo parece quererle excepto “El hombre sin ojos” (Clifton James), un guardia que le incomoda el positivismo del nuevo reo.

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Cool Hand Luke es una película inusual. Particularmente es frecuentada y reverenciada por ser parte de la contracultura que provino en el cine con películas como Bonnie & Clyde de Arthur Penn o Al Calor de la noche de Sidney Poittier, algo que encuentro incongruente porque la visión de Cool Hand Luke es de confusión.

Si algo que amo de ella, es el tratamiento de su personaje principal. Es una construcción por parte de cuatro personas involucradas en la película, construcciones dispares que congenian con el concepto del otro sin llegar a minimizar la idea que se trataba de buscar. Donn Pearce escribió la novela base basándose en sus memorias; él fue el que sufrió la duda de qué hacer después de su infructífera inclusión en el ejército por la época que lo orilló a resguardarse en el crimen, Frank R. Pierson adaptando la novela le dio un sentido divino a Luke y Stuart Rosenberg en la dirección lo asimiló con el reciente repudio de la guerra de Vietnam.

Por la descripción que les acabo de dar de la película podrían pensar en que está repleta de clichés del género de prisión, en donde un hombre se encuentra a sí mismo con la ayuda de la vida dura en este establecimiento, pero Luke al ser un veterano de guerra no puede encuentra su camino en la vida, un sentir: lo único que puede hacer es… nada. Termina en prisión y jamás se siente asustado por el hecho de vivir entre criminales, sino que trata de ser un hombre nuevo, incluso tratando de omitir su pasado heroico que le podría ayudar en esta situación.

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Es una figura que busca una identidad y esta se la generan los presos, porque ven en Luke una figura de redención, de amistad y de fortaleza que ninguna figura de autoridad o religiosa les ha dado, por lo que la metáfora de verlo traducido como un nuevo mesías en medio de hombres sudados y lujuriosos, que han matado, robado y cometido actos indecentes, pero son hombres al fin y al cabo. Luke en un principio parece gozar de su identidad nueva, de formar parte de algo que nadie más le puede quitar y es hasta la muerte de su madre que este entorno de paraíso lo vuelve un loco, porque termina cediendo a sus instintos sentimentales y queriendo homenajear a su madre que tuvo la decencia de verlo por última vez en prisión (en un cameo de Jo Van Fleet, la madre de Al Este del Eden de Kazan).

Los tres conceptos temáticos convergen en una duda que le surge al espectador: la construcción mesiánica de Luke lo vuelve en una figura rebelde o una trágica, y aquí entra Newman porque entrega en cada momento una actuación perfecta.

Su actitud y risa parece que va en un tono humorístico y sardónico, pero Luke sufre de manera interna y conforme pasa la película, de parte de los maltratos de los guardias, es cuando comenzamos a preguntarnos como audiencia de sus decisiones que nos volteamos a ver y nos damos cuenta de que somos presos, estamos a favor de los que lo ven como un mentor y mesías, él nos ha alejado de la noción que teníamos de él. Newman exuda una tristeza irrepetible en toda su carrera, porque la disfraza de confianza, de ser un hombre “cool”, pasando a ser una bestia apaleada y lastimera, un patán al servicio de los hombres que también la película retrata como villanos pero ¿Lo son por hacer su labor?

Esta pregunta estuvo rondando mi mente la última vez que la vi, y eso adereza una película que me parece fina en su tratamiento y producción. Siempre regreso de manera melancólica a esos paisajes sureños captados Conrad Hall, quien con su cámara captó a hombres sucios y llenos de una paja que puedes hasta sentir en tu nariz de manera incómoda, de esas ninfas que lavan coches de maneras sensuales y más atrevidas que la pornografía, pero también de hacer que la imagen de Luke como este cristo de los maleantes sea más pesada, y mucho más trágica. Sus paisajes sureños son elegantes, llenos de momentos en donde el efecto Tyndall capta una belleza que no debería de existir basándonos de nuevo en los clichés del género, estos efectos son muy simples, porque de manera curiosa con su cámara no vemos mucha civilización, sólo naturaleza y un hombre huyendo -o adentrándose- en ella.

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Es precisamente su labor la que le da un aire aterrado a “El hombre sin ojos”, un sujeto despiadado que apenas y dice unas palabras, que se siente su presencia en todo el lugar con sus lentes que reflejan todo y su bastón corrige criminales.

Cool Hand Luke fue un éxito total, Rosenberg con la película dio un salto exitoso a la pantalla grande después de estar dirigiendo en la televisión y su calidad era excelsa, la película se volvió un éxito de taquilla y la frase que dice El Capitán describe a la perfección el destino de la película:

“Lo que tenemos aquí es un problema de comunicación”.

Porque Luke, lejos de ser recordado como una figura triste, fue reverenciado en su momento –y hasta ahora- como un personaje sacado de una caricatura de la Warner Brothers, una película de tono ameno, o en su caso otra hermana menor del año en lo que las correcciones políticas eran gritos de denuncia. En el año posterior, la gran entrega de los premios de la Academia se fueron más al terreno de lo “importante” que de lo remotamente apto para nominar, y Cool Hand Luke además de negación en terrenos como “mejor fotografía” o “mejor diseño de producción” y “mejor película”, fue el máximo insulto para Paul Newman, quien perdió frente a Rod Steiger en Al Calor de la noche (Norman Jewinson).

Y es algo que percibo con las películas de esa década: o son reverenciadas por cosas simples, o son olvidadas entre el mar colectivo de la cultura popular. Yo no.

Cool Hand Luke merece una revisión como una excelente obra de arte, una película rebelde sin querer serlo y una tragedia disfrazada de comedia y optimismo que injustamente recordamos más por ver a Paul Newman comer 50 huevos.

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