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BOHEMIAN RHAPSODY (2018)
8
Nov

BOHEMIAN RHAPSODY (2018)

Desde que tengo memoria, supe de la existencia de Freddie Mercury. Mis padres se dedicaron durante nuestra infancia a mostrarnos su música y de la valía de esta, y con Queen parece que hubo una conexión entre todos nosotros; escuchábamos todos los discos que teníamos teniendo que comprar varias veces una que otra versión por el constante uso (que terminó en la opción de llevarnos la trilogía de Greatest Hits en el coche cuando íbamos de vacaciones), me parecía extraño ver a mi papá con bigote porque de inmediato me recordaba al vocalista de nuestra banda favorita y con frecuencia veía a mi madre llorar cada aniversario luctuoso de este, en medida entendible para la pérdida de un fanático de su adorado ídolo, pero quizás hubiera un agradecimiento a la vida de que Queen nos uniera –y uniese- como familia. La valía de Mercury dentro de mi vida fue en base el aprender de un universo musical divertido pero sobre todo y ahora que me detengo a reflexionar, debe ser el primer encuentro de mi vida con una figura a la yo, mis padres y mi hermano veíamos como un dios, un dios de la voz inigualable pero también un dios cuya predilección y amor por el sexo no escondía… y eso siempre estuvo bien; entendería tiempo después de la homosexualidad del artista y jamás llegué a recriminarle esto porque nos hizo entender la simpleza y normalidad de querer a otra persona del mismo sexo, y cuando te desenvuelves en un entorno católico, por supuesto que es una figura que recibe muchos insultos, y tú como fanático por supuesto que lo llegas a defender de manera infructífera para que al llegar a la casa te refugies en el consuelo de su voz y la mirada triste de tu madre porque no quisiste comer.

Pensando en el impacto de Queen en mi vida, me cuesta mucho trabajo creer que no tenga el mínimo interés en Bohemian Rhapsody, pero tiene sus razones. No ayudaban a matar las sospechas saber que: Sacha Baron Cohen salió del proyecto por diferencias creativas que ponían a Brian May y Roger Taylor temerosos de la idea de una película para adultos, ni la extraña decisión de traer a Brian Singer a dirigir para después tener que contratar a Dexter Fletcher como salvaguarda de la película.

Revisiones más revisiones menos, la película ya se encuentra en cartelera y había escuchado halagos y emoción por parte del público, que me animaron a verla, y pues no comparto las mismas reacciones porque Bohemian Rhapsody, es una película insípida.

Los rumores detrás de las disputas entre May y Taylor parecen ser autentificadas con el proyecto final, porque el guión presente en la película es un desastre. Al no saber qué camino tomar más que el de la complacencia, termina arruinando todo el potencial dramático, lo cual también es extraño porque uno entendería la intromisión para darle más peso a los demás miembros de la banda quienes terminan volviéndose un comic relief para las secuencias sobre la creación de las canciones memorables del grupo, que van y vienen… nunca vemos la concepción creativa de Killer Queen que viene acomodada en un montaje pero obviamente vamos a dar un detenimiento en Bohemian Rhapsody –siendo que es la más famosa- y We Will Rock You… con todo y guiños hacia la audiencia presentes en chistes metanarrativos y un montaje desinteresado, porque lejos de ahondar tiene la prisa de la siguiente canción en turno.

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Esto termina dañando a sus personajes, ya mencionados con los patiños, pero el más triste de ver obviamente yace en Freddie Mercury. No ahonda en sus decisiones o conflictos a menudo presentándolo ante la cámara y ante sus compañeros como un dios arrogante al que miran embelesados, y hay un serio problema en la forma en como aproximan la vida sexual del vocalista, con un sentimiento de culpa respecto a sus preferencias sexuales vilificadas en Paul Prenter (Allen Leech), eterno enemigo de Brian May por hacer “desvariar” a Mercury dentro del grupo y de hacerlo buscar sonidos alejados del rock, que en primera resquebrajan el argumento de que Queen exploraba sonidos diferentes a los usuales… y que deja a Mercury como el sujeto que buscó tener éxito como solista, amén de que los primeros en buscar esto fueran otros miembros.

Pero quizás, el gancho más tramposo y sucio se encuentre en el desenlace, con una revelación de SIDA metida con calzador para generar empatía entre la audiencia y de subir apuestas respecto al concierto del Live Aid y la misión de Freddie por entretener a sus audiencias. No sólo es forzoso sino insultante porque se usa en un tono aún más cliché que el que la película ha estado malabareando y por supuesto que acaba con todo

y fotografías dedicando texto post filme, incluyendo la muerte del artista y la búsqueda del grupo de crear consciencia respecto a la enfermedad.

Y es una pena, porque hay potencial, incluso dentro del desastroso proyecto. Rami Malek interpreta de manera convincente a un Freddie Mercury en el aspecto físico, que se ve que denota pasión por el reto que se le propone en crear a un personaje tan mítico, y que a fallas del guión, lo que sí podemos presenciar es su cosagración en las secuencias dentro del escenario, en donde ha sido capaz de interpretar los movimientos registrados en video con naturalidad, y si bien no llega a cantar con su voz, también hay un cuidado en el diseño sonoro de la película que intenta darle la voz de Mercury en el cuerpo de Malek… y creo que es todo lo convincente.

No defendería la música de Queen y su integración dentro del filme porque, es un hecho de que la música de Queen es grandiosa por su propia cuenta, lo que necesitaba era un material digno, que pudiera representar los aspectos creativos y dramáticos de sus miembros, y la participación de un director capaz de entender estos elementos y que no abandonara la producción para andar de libinidoso, lo cual es triste, porque Bohemian Rhapsody apunta para ser una gran biopic, pero queda a un nivel de calidad televisivo pobre y entorpecido por las decisiones de ego de todos los involucrados.