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BEETLEJUICE (1988)
6
Oct

BEETLEJUICE (1988)

¿No se han puesto a reflexionar que Beetlejuice era una de las películas más extrañas que consumimos de niños?

Siempre me he preguntado qué pensaba Michael McDowell de Beetlejuice, porque para 1987 las cosas pintaban muy diferente en su guión original: es serio, con el personaje del título de la película siendo un demonio asesino que se conjura con los huesos exhumados de su tumba, exorcismos hacia el final, y el hecho de que Beetlejuice quería violar a Lydia –que muere en un incendio- lo cual queda un poco implícito en la película que tenemos ahora pero en un tono más burlón. McDowell a pesar de haber sido un autor de renombre en el campo del horror, había hecho una película que a ningún productor le gustaba, pero David Geffen vio potencial en el material que compró de rebote y recordó que cierto sujeto estaba en busca de un guión retador.

Ese sujeto era un Tim Burton que salía del éxito de La gran aventura de Pee Wee (1986), película extraña que adaptaba de por sí una serie extraña. Burton encontró atractivo el guión de McDowell pero para su sorpresa –o quizás no, dado el rechazo del proyecto por parte de todo mundo- no quería adaptarlo al pie de la letra: le gustaba la idea de que una familia se mudaba a la casa de unos recientes fallecidos que tenían que recurrir a la ayuda de un ser más poderoso que ellos, pero por alguna razón no le agraciaba el tono serio del material… quizás guiado porque desde el inicio, se seguía llamando Beetlejuice: un título ridículo a una película que pragmaba ser seria.

Lo que hizo el director, fue traer a un nuevo amigo que había hecho desde hace dos años atrás: Warren Skaaren, quien hablaba de música con el director y, que tenía fama de ser un excelente doctor de guiones fatídicos, él entró a la industria gracias a que fue de los pocos productores que defenderían cierta película llamada “La masacre de Texas” (Tobe Hooper, 1974). Skaaren tomó con gusto el guión, y plasmó elementos que son los que conocemos el día de hoy como una película que afectó a la cultura popular de ese año.

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Beetlejuice es, extraña… en el buen sentido de la palabra. Tim Burton para ese entonces es un director con potencial dentro de la industria, y con esta película se volvería el consentido de parte de Warner Brothers quien tiene la tendencia de apadrinar directores y aprobarle o ponerles proyectos esenciales en su catálogo.

En Beetlejuice, Burton se siente cómodo de manera automática y deja entrever sus tradicionales tropiezos y bendiciones. Al ser un director que siempre piensa en la estética, revive el movimiento expresionista al grado de que el público le suele atribuir esa visión y estilo (ignorando a grandes como Murnau o Lang en el proceso. La cuestión es que Burton no lo hace para quedarse con el crédito, sino que ve en Beetlejuice una película a la que puede arrojar sus homenajes e influencias, no por nada los efectos se ven baratos, los colores son pasteles, y predomina el mensaje de que el raro y expatriado de la sociedad, vale por su cuenta y no debería de sentir rechazo.

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Que irónicamente en su fascinación por los muertos en represalia a su soledad, encuentra verdaderos amigos en los dos peores fantasmas de la historia que no pueden espantar ni a una mosca.

Dentro de su guión, tenemos una película que avanza de manera rápida y con dos giros cruciales: el primero es su tratamiento del mundo de los muertos, que hace ver como un infierno burocrático que no resuelve muchas cosas y es razón por la que los fantasmas viven en eterna confusión. Creo que su revisión del mundo de los muertos es punta de lanza porque se divierte con los muertos, con sus fallecimientos en un humor negro que no niega la condición del fallecimiento, lo vuelve cotidiano y lo vuelve como una molestia que repercute para toda la vida.

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Siendo además, en donde el departamento de efectos especiales tienen un reto, porque logran imágenes grotescas sin llegar al gore, más al beneplácito y entendimiento de una audiencia tradicional.

El otro es, que Beetlejuice está lejos de ser el protagonista; el póster nos vende a un fantasma amigable y divertido, pero en el fondo tiene una actitud rebajada de su material original: este hombre pútrido hace chistes todo el tiempo y es el primero en enseñarle al matrimonio Maitland que pueden estar cómodos con su mortandad, pero siempre es el antagonista. Desde su primer escena leyendo el periódico encontrando nuevas víctimas, su encuentro con el panteón miniatura, y más cuando revela sus deseos lujuriosos a los que siempre he encontrado incómodos de ver, más si de niño llegaste a ver la caricatura del filme y entre la amistad de de Lydia y Beetlejuice recordabas que este en un punto asiste a un prostíbulo para saciar sus deseos despertados por ella.

Es inmundo y su diseño no oculta que está muerto e inflado por los gases que genera, pero se requiere de un actor capaz de generar empatía por un ser tan despreciable, y Michael Keaton se desvive en este personaje, más que en ningún otro que yo recuerde. Si recuerdas, nunca se está quieto, y se apropia de un acento texano y de vendedor de televisión a la décima potencia para interpretar a un ser que además, le es imposible ocultar su rostro malévolo entre tanta bufonada, pero que la película le deja ser a diestra y siniestra.

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Y no me hagan hablar de Danny Elfman, porque el anterior líder de Oingo Boingo incursiona en el mundo del score con Burton una película atrás, pero en Beetlejuice es el que termina haciendo click inmediato, con una mezcla excéntrica de polka, tango, sonidos caribeños y góticos para darnos una idea de las capacidades del antagonista del filme y no puedo recordar un score fílmico con las mismas motivaciones y estilos:

https://open.spotify.com/album/1iyLkKp8f8XZjOxDD2PEo9

Beetlejuice es esencial para Tim Burton, y esencial por qué ahora no es relevante. Esta es la primera película en donde no tiene tapujos y en donde se conecta de inmediato con el guión que permite pulir su estilo, y era retador para ese entonces porque además, crea un producto icónico y que inusitadamente llegó a todas partes y se volvió un clásico instantáneo, más para la temporada que vivimos. En nuestros tiempos es ahora un director petulante que ha perdido el carisma y que ahora siendo una calca de lo que fue, acepta proyectos inspirados en él, lejos de encontrar proyectos en donde reflejaba la timidez con la que antes expresaba sus ideas, y no la marca de autor aburrido que ahora produce en automático.

Y es notorio eso, porque en mi familia mi madre no sabe qué ha sido del pelos parados en estos años, pero recuérdale Beetlejuice y pone una cara de asco al recordar la piel de un personaje recurrente en la infancia de sus dos mocosos.