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CRÍTICA GIFF: UNA PELÍCULA DE POLICÍAS
5
Nov

CRÍTICA GIFF: UNA PELÍCULA DE POLICÍAS

Alonso Ruizpalacios entrega una obra por demás entretenida, emocional y reflexiva sobre el cuerpo policiaco nacional y lo que representa.

Por: Deusdedit Diez de Sollano Valderrama

Dirige: Alonso Ruizpalacios

Elenco: Mónica del CarmenRaúl Briones

País: México

Estreno en Netflix: 5 de noviembre

Tras tres películas, queda claro de que si algo le gusta hacer a Alonso Ruizpalacios en sus proyectos es utilizar la carta lúcida de condición especial para él y sus protagonistas, que consiste en romper las barreras presentes entre audiencia y ficción.

En Güeros (2014) la campaña de Sombra (Tenoch Huerta) se adentra a Ciudad Universitaria, recogiendo a un intendente de la escuela el cual durante el trayecto se pone a discutir con los actores a bordo del vehículo sobre las condiciones de privilegio que tienen al filmar historias con una preselección narrativa del cliché, sólo para llegar al espacio y este termina recuperando a su personaje explícito en el filme ahora con un diálogo formal, pero alejado de la naturalidad presente en la conversación de hace unos minutos. En Museo (2018) ocurre cuando Juan Núñez (Gael García Bernal) queda abandonado en un bar de mala muerte, en donde el consumo de cocaína y alcohol lo arrastran a una trifulca dentro del changarro en donde la coreografía de pelea y la cámara terminan desdibujando la ficción para servir como una evidencia de que están filmando una película, sin dejar de lado la condición de estado alterado que sufre Juan que podría justificar esta escena.

Es hoy con Una película de policías en donde Ruizpalacios finalmente se entrega a un experimento más extenso de estas rupturas de la cuarta pared, en lo que es su proyecto más ambicioso por el momento.

En un principio seguimos a Teresa, policía que a bordo de su patrulla llega a un llamado de ayuda de parte de una vecindad, con simulación documentalista hasta que ocasionalmente la cámara de Emiliano Villanueva captura planos detalle intimistas de la policía y otro que sirve a ritmo de montaje con un objeto, mientras Teresa en narración de voz en off nos cuenta lo que estamos viendo a detalle. Pasa del documental, a la recreación de escena, y por la capacidad de Teresa de relatar lo acontecido, el público parece intuir que se trata de un actor del suceso reviviendo lo que su narración describe.

Teresa continúa describiendo a detalle los aconteceres de su día a día y con ello también en situaciones habituales refleja la naturaleza de la corrupción de la que llega a formar parte de manera simulada en todo entorno mexicano: desde el apuro para obtener procesos oficiales de registro, hasta las calles para evitar sanciones frente a actividades que irrumpen la armonía del ajeno en las actividades, aquí Teresa nos termina hablando -cual Ferris Bueller de John Hughes– directamente a la cámara, quebrando la narración convencional para presentarla de manera directa sobre la participante. A ella se le termina uniendo El Montoya, otro policía con el que forma una historia de amor al ser su pareja y quien también tiene anécdotas dignas de contar.

Y es cuando conocemos la intimidad de estos dos, que al más mero estilo del nuevo cine iraní, Una película de policías destroza la condición del género que le intuimos en un momento que vale la pena presenciar y del que no diré más.

De pronto Una película de policías termina siendo durante su segunda parte un segundo intento documentalista en donde Teresa y Montoya aparecen, pero ahora bajo otro alias, el verdadero. Es ver a Mónica del Carmen Raúl Briones sirviendo a un experimento para el proyecto que sirve para registrar no solamente su modalidad de actuación de método para interpretar a la pareja, es además para que Ruizpalacios tenga capturado lo que quiere en realidad, un sumo interés en demostrar… pues lo jodido que es ser policía.

Desde las precarias condiciones hasta los entrenamientos, la cámara va registrando la realidad fuera de las recreaciones enfatizadas en entretenimiento para exponer también con otros participantes de que las virtudes del policía y la nobleza de la labor existen en un inicio, pero son la mayoría del tiempo insostenibles, y eso es algo digno de reflexionar y sobre todo audaz.

Audaz y quizás fallido para ciertos sectores de la audiencia, porque Una película de policías no busca glorificar al cuerpo policiaco ni tampoco el representarlos como las aberraciones que el cine nos ha planteado desde hace más de 50 años en el país, todo lo hace con un lente de entendimiento. Claro que también es debatible como esta condición de dibujar al policía como un ser humano faltante y que va desenamorándose de su principal labor puede que no se preste como una lectura amena para tiempos en donde todo presentan extremos, y que en el caso de los policías estos representen un eslabón de corrupción y miedo, eslabón de mancha que es imposible de diluir y que el propio Ruizpalacios llega a condensar en ciertas escenas sin intención de plantear aportaciones dentro de la ficción o el documental, sirviendo de poesía hacia las declaraciones de dos representantes del fenómeno, pero no deja de ser un extraordinario ejercicio fílmico, uno de los mejores del año.